ene
02
2009
Él no perdía detalle alguno de sus movimientos. Sus ojos la seguían a donde ella fuere, pero con la sagacidad suficiente para que nunca los notara. Ella vivía justo enfrente de su piso, por lo cual le era muy fácil descubrir qué hacía durante el día.
Hacía años que la obsesión por esa mujer lo carcomía por dentro pero nunca había tenido el valor de enfrentarla e intentar algo con ella, simplemente se limitaba a estudiarla, observarla y desearla en silencio desde su ventana.

Cada noche, en medio de la negrura y soledad de su cuarto, frente al ventanal él cerraba los ojos e imaginaba que lasmanosde esa fémina lo tocaban, que sus tiernos labios recorrían el tronco erecto de su pene para luego engullirlo por entero y succionar hasta la última gota de semen que expulsaba de sólo pensarla.
Durante largo tiempo planificó con detenimiento el encentro tan deseado, quería hacerla suya pero hasta esa noche no había tenido el coraje de llevar a cabo su meticuloso plan.
Como estaba al tanto de las rutinas diarias de su vecina ideó la forma de sorprenderla sin que nadie se diera cuenta. Agazapado en un oscuro callejón que era el paso obligado de la mujer, la esperó paciente hasta que ella saliera del trabajo, una vez que estuvo a su alcance tapó su boca con un paño embebido en y la metió en su coche.
Con la chica totalmente sedada a su lado, condujo durante horas hasta alejarse por completo de la cuidad tomando un camino agreste en dirección a una vieja casa de campo de su familia. En el lugar tenía todo preparado para un encuentro que él creía romántico; una copiosa cena, buen vino y velas rojas por doquier.
Sacó a la mujer todavía atontada del vehículo, le quitó las ropas para colocarle un vestido deencajenegro que había comprado para ella esa misma tarde; era su princesa, el objeto del deseo que tanto tiempo estuvo frente a él pero muy lejos de sus manos.
Cuando la mujer despertó de su trance con horror no entendía que sucedía y al intentar gritar por ayuda el extraño la calló con una mordaza. Mientras la tenía semi atada sobre el lecho, él le explicaba cuánto la amaba y lo mucho que la deseaba.
Al observarla tan vulnerable, allí tendida y toda para él su carne se encendió y la necesidad de devorar susexose le hacía imposible de contener, con furia desgarró las bragas que cubrían su vagina para abrirse paso y lamer cada rincón de piel. Le excitaba poseerla por la fuerza pero lo que él desconocía era a que sin quererlo estaba cumpliendo la fantasía más oscura y recóndita de su rehén y la sumía en un placer incomparable.
Cuando se percató que no presentaba resistencia alguna y el aire se llenó de gemidos, le quitó la mordaza y desató las amoratadasmanosde su compañera quien se aferró a susexocomo una fiera muerta de hambre. La chica engulló con devoción desmedida ese falo erecto para luego sentarse sobre él y cabalgarlo como una amazona.
Ella estaba enloquecida, montaba a su captor y se retiraba para lamer desde los testículos hasta la punta de su verga, tragarla hasta el fondo, succionarla como queriendo sacarle jugo para luego volverla a montar.
La mujer era el morbo hecho carne, no contenía deseo ni satisfacción alguna. Bien abierta depiernastomaba el pene del hombre con la boca a la vez que insertaba varios dedos en su vagina y friccionaba su clítoris con descaro para acabar una y mil veces. Luego le pidió que la folle encima de la mesa y colocó suspiernaspor sobre los hombros del extraño para sentir su miembro bien adentro a la vez que ella misma tomaba sus tetas, las lamía, mordisqueaba y con la otra mano se seguía masturbando.
Seguidamente le pidió que atase nuevamente susmanosy le ofreció el culo bien abierto exigiéndole que la penetre por allí mil veces hasta hacerla explotar de éxtasis. Con la verga dura el extraño derribó las barreras de esa carne e ingresó a las entrañas de la chica quien se deleitaba toqueteando su vagina caliente y húmeda.
Durante largas horas follaron hasta caer rendidos y cuando estuvieron tendidos exhaustos sobre la cama, ella le preguntó:
¿Por qué te habías demorado tanto? Hacía tiempo que te esperaba… ¿Acaso porqué creías que todas las noches tenías el placer de verme desnuda y masturbándome frente a tu ventana?
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Categoría Relatos Eróticos
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Publicado por
Afrodita