Pornografía e Internet

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Desde tiempos inmemoriales la historia registra la existencia de la pornografía. Con la era industrial, la pornografía se masificó y las tendencias capitalistas encontraron en su producción ingentes beneficios económicos. Pero lo cierto es que desde siempre ha existido (y existirá) lo que denominamos pornografía.

Si somos estrictos en la aplicación del término debemos definir así a toda forma gráfica de estimulación sexual. Hasta hace algunas décadas las revistas (algunas emblemáticas) fueron la principal forma de propagación del material sexual explícito. Pero el advenimiento de Internet ha llevado este negocio hasta las nubes. ¿Cuánto sabes de pornografía en la red?

La maravilla tecnológica de nuestro siglo, Internet, tiene un grado de aceptación y penetración social, hasta ahora desconocido por la humanidad. Y así como transmite en cuestión de segundos cantidades impresionantes de información, también es vehículo más que óptimo para que la pornografía llegue a tu escritorio sin siquiera proponértelo.

Portales gratuitos o de pago, heteros, gay o bi, fetichismo, fantasías, perversiones, videos o fotografías, textos o contactos, lo cierto es que todo cuanto busques en materia de sexualidad comercial explícita está a un click de distancia. Muchos de estos sitios poseen autorizaciones de sus respectivos países y adoptan todas las medidas de seguridad para que no puedan ingresar menores de edad (solicitan números de tarjetas de crédito a fin de verificar la mayoría de edad, entre otras normas), pero muchísimos otros (tal vez los más), son webs de acceso gratuito e irrestricto y son fácilmente accesibles a niños que deseen echar un vistazo al mundo erótico de los adultos.

La prostitución infantil, la esclavitud sexual, el trabajo sexual de menores, el turismo sexual, son algunas de las formas más perversas de pornografía que han encontrado en la red de redes, un camino de descomunales ganancias y muy pocas posibilidades de persecución legal.

Si eres un consumidor de pornografía, debes recordar algunas cuestiones básicas que harán que tu libertad de escoger el material sexual de tu agrado no perjudique a otros, especialmente cuando esos otros nada pueden hacer para defenderse:

  • Visita sitios preferentemente de pago
  • Adquiere contenido sexual protagonizado por mayores de edad (eso hará poco rentable la pornografía infantil y estarás ayudando a combatirla)
  • El material sexual que descargues en tu ordenador verifica que no esté disponible para menores de tu entorno
  • Si compras servicios sexuales por Internet, hazlo en sitios habilitados y legales
  • Asegúrate de la edad de quienes ofrecen sus servicios en la web (podrías tener serios problemas legales si contratas a un/una menor)

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