jul
04
2008

Estamos solos en esta pequeña habitación húmeda y sombría, el observa mi cuerpo desnudo, blanco y frágil como la seda, pero parece no interesarse en mí como mujer, sólo plasma cada detalle de mis curvas en su lienzo. Para el soy un objeto de finos contornos y suaves colinas del cuál sólo desea conservar su imagen.
Cuánto quisiera que dibuje sobre mi piel trazos de deseo con su lengua ágil, húmeda y caliente, que me pinte tal cual cuadro y plasme dentro de mi ser oleadas llenas de éxtasis.
Me ruborizo, mi rostro se enrojece delatando las escenas calientes que se desarrollan en mi mente, no me importa, igual el parece no notarlo. Lo desnudo con la mirada, lo imagino viril y erecto zambulléndose por entero en el agua que emana de mis entrañas.
Mi vagina se humedece, siento el correr de sumielpor entre mis muslos, mispechosse tornan firmes y erectos, deseosos porque unasmanosvaroniles hagan presa de ellos. Todo mi cuerpo se estremece, el vientre está encendido y lanza erupciones de calor a mi vulva dilatada.
Intento permanecer inmóvil, conservar la postura pero me cuesta controlar mi respiración acelerada, misexoestá hambriento y quiere saciar el hambre con su carne. El sigue sumido en sus pensamientos llenos de colores y abstracción, no se ha percatado de mi mirada desorbitada que expulsa llamaradas de pasión, furia y sexualidad.
De repente fija sus profundos ojos negros en mi inerte figura, su mirada se clava como puñales en mi carne, tal como si me traspasara el alma. Al instante pierdo toda compostura y me acerco excitada hacia su encuentro.
Lo miro fijamente a los ojos y con una suave caricia aproximo su boca junto a la mía; nuestras lenguas se enredan desenfrenadas en un baile erótico que desborda lujuria y humedad. Me toma fuerte de las nalgas y me echa sobre el sofá para hacerme completamente suya.
Mis muslos carnosos abrazan su pelvis para conservar el fuego que emana de nuestros sexos, su pene duro y mojado busca presuroso el contacto más cercano con mi vulva dilatada. Cada embestida me hace gritar como una fiera, mismanosdescontroladas rasgan la carne de su espalda.
Me toma de lospechosagarrándolos con una fuerza inusitada, el dolor acrecienta mi deseo, quiero sentir que explota dentro de mí llenándome de su semen espeso y tibio, quiero apaciguar mis ansias con el clímax más profundo. Mispiernasbuscan apoyo en sus hombros y al momento su verga penetra mis entrañas más profundamente.
Bruscamente me da la vuelta y toda mi feminidad queda expuesta ante sus ojos, apoya su pelvis y restriega su pene contra mis nalgas, lossenosbailan al son de sus vaivenes mientras me acaricia los pezones. Uno de sus dedos encuentra el camino hacia mi boca y entre gemidos ahogados lo succiono y lamo como si estuviera impregnado de lamielmás dulce.
Eso lo excita, susexose endurece e hincha, arremete con más fuerza y acelera la velocidad de su embestida, siento la proximidad del orgasmo, ya su exquisito sabor se hace notar dentro de mi boca que al instante se llena de saliva; desesperada me masturbo para lograr el placer culmine y desbordante.
Mi vientre encendido late al son de mi vagina, los espasmos de la carne hacen que sude y gima, las sensaciones más sublimes hicieron nido en mí mientras su verga satisfecha exhala la hombría contenida. Siento cómo el latir de susexose acopla con el mío.
Abrazados y agotados quedamos tendidos sobre el sofá durante horas, la oscuridad nos envuelve y flota en el aire unhalode intimidad, romance y erotismo. Sigiloso se aproxima y me dice suavemente al oído: El amor es un arte y elsexouna expresión que hemos hecho carne con nuestros cuerpo unidos y presos por el deseo, esta ten por seguro, que fue la más candente obra de mi vida.
Etiquetas amor, arte, historias de sexo, orgasmos, Pareja, placer, relatos sexuales, sexo, Sexualidad
Categoría Relatos Eróticos
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Publicado por
Afrodita