feb
05
2008

Será suficiente que conozcamos una pareja conformada por una persona “normal” y otra que posee alguna discapacidad física, para que nuestra mente (tan afecta a elaborar hipótesis de todo tipo), trate de justificar esa relación en términos económicos (“le conviene estar con él”), morbosos (“¿qué le habrá visto?”) o simplistas (“está con ella por comodidad”).
Lo único “anormal” en esta situación es que olvidemos que la sexualidad no se limita a la genitalidad y que cualquier ser que habite este planeta está condicionado biológicamente para comportarse como un ser sexuado. Esto implica gozar y ejercer su libertad sexual plenamente. Ni qué decir cuando la persona “discapacitada” posee además una deformidad significativa.
Un mundo que elogia la belleza como valor sublime, es lógico que no comprenda que una persona sin una pierna, con serias quemaduras en su rostro, o paralítico, tienen urgencias sexuales como cualquier vecino del orbe. Pero es preciso que estos conceptos (¿o prejuicios?) comiencen a cambiar.
La sexualidad es un derecho inalienable de cualquier individuo. Si por circunstancias de la vida la persona se ve en la obligación de estar postrado en una cama, o confinado de por vida a una silla de ruedas, eso no significa que se haya convertido repentinamente en una persona asexuada ni mucho menos perder interés en lo erótico, como el común de la gente cree.
Hay muchas maneras de ejercer una sexualidad libre. Caricias, besos, abrazos, estimulación manual, masajes eróticos, autoestimulación, en fin, la lista es interminable de opciones para quienes “no pueden” llevar adelante sus relaciones sexuales del modo en que la mayoría lo hace o espera que el resto lo haga. Quienes padecen esta discriminación encubierta de piadosa preocupación, pueden tener una vida sexual tanto o más sana y excitante que la de cualquier mortal que se precie de “normal“. No lo dudes.
Etiquetas discapacidad, parálisis, prejuicios, sexo, Sexualidad
Categoría Curiosidades, Historia, Hombre, Homosexualidad, Mitos de la Sexualidad, Mujer
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otelo