ene
09
2009
Habían pasado más de 7 meses y la malaria desexoparecía no acabar nunca, estaba hastiada de tener que tocarme todas las noches imaginando que tenía una verga penetrándome. El consolador gastado por el uso ya no me atraía y los orgasmos que conseguía darme eran sólo una burda imitación del placer que necesitaba. Me encontraba al límite, mi mente se la pasaba ocupada con escenas cachondas la mayor parte del día y no lograba concentrarme en otra cosa.
Las ganas de follar me carcomían, andaba con elsexoconstantemente húmedo y dilatado a la espera de una polla que lo llene. La situación me superaba, no aguantaba la abstinencia y estaba decidida a ponerle fin sea como sea, pero el no tener una vida social activa me jugaba en contra.

Cierta noche, mientras continuaba sin poder pegar un ojo, a causa de mi extrema calentura y la fuerte música que venía del piso de arriba, fue que me di cuenta de cómo terminar con mi celibato obligado.
Mi vecino, el culpable de los estruendos, siempre me miró con otros ojos, pero no lo había tenido en cuenta ya que es unos cuantos años menor que yo, pero pensé: “A falta de pan, buenas son las tortas”, por ello decidí hacerle una visita con la excusa perfecta.
Me puse un negligé negro muy sugestivo, una bata por encima y simulando que el ruido me había arrancado de los brazos de Morfeo fui a su piso. Toqué la puerta unas cuantas veces hasta que me recibió con cara de asombro, miedo y lujuria al ver mi aspecto.
Le expliqué que a causa sonido me había desvelado y no conseguía pegar un ojo, de inmediato se disculpó afirmando que bajaría el volumen, yo le agradecí pero también le comenté que una vez despabilada no podía conciliar el sueño y cómo él estaba despierto podría hacerme compañía por un rato.
Captando la indirecta me invitó a pasar y me ofreció un trago, nos sentamos en el recibidor uno frente al otro mientras yo acusando el calor me desprendía de la bata dejando a la vista mis curvas tapadas por una muy ligera prenda. Con el ímpetu que caracteriza a los hombres jóvenes se me abalanzó queriendo comerme de un bocado, yo estaba que no daba más pero quería mantener un poco de distancia y conservar las riendas de la situación.
Deseaba disfrutar al máximo, explorar su cuerpo y dejarme manosear y lamer por todos lados para luego permitirle follarme tantas veces como quisiera, por eso con la punta del pie lo separé y abrí laspiernasdejándole ver que no llevada bragas, relamiéndose comenzó a chupar mi clítoris y lamer mi vagina con devoción.
Yo me aferraba a sus manos, me tocaba las tetas y enredaba mis dedos en sus cabellos; cuando no pude más lo tendí sobre el sofá y dejé mi coño sobre su boca mientras succionaba su verga dura. Disfrutaba tanto de aquélla polla haciéndola entrar hasta mi garganta para luego retirarme, lamer sus bolas yjugarcon su glande. El chico estaba en las nubes, alucinado chupándome la vagina y emitiendo gemidos de satisfacción.
Después me di la vuelta, lo tomé por los brazos y me senté a horcajadas sobre susexobien suavemente, sentir la verga ingresando por las paredes de mi vagina para cabalgarlo y restregar el clítoris sobre su pelvis. Mientras lo follaba el me agarraba las tetas y yo las acercaba a su cara para que chupe los pezones, el ver y sentir su lengua caliente y sus labios carnosos succionando mis lolas me excitó tanto que me corrí al instante.
Aprovechando la situación me quitó del trono e hizo que me colocara de rodillas de espaldas a él, agarrando mi vulva por detrás sentí como sus dedos la recorrían y presionaban el clítoris que volvía a palpitar, durante unos minutos insertó la polla en mi vagina y cuando la tenía ya muy húmeda percibí como la acomodada entre mis nalgas abriéndose paso hasta entrar en el culo. Sus movimientos me sumían en trance, la sacaba muy lentamente para luego arremeter con furia hasta el fondo sin dejar de masturbarme para explotar y llenarme de su semen.
Debo confesar que aprendí la lección, quien había subestimado por ser menor, ahora me folla hasta el cansancio y no me da respiro. Todas las noches hacemos el amor hasta quedar rendidos, en su piso, en el mío, en el ascensor del edificio, las escaleras, hasta en la azotea…..en verdad de haberlo sabido antes no habría esperado tanto tiempo.
Etiquetas clítoris, erotismo, histoarias de sexo, Hombre, masturbación, Mujer, Orgasmo, Pareja, pene, placer, polla, Relatos Eróticos, sexo, verga
Categoría Relatos Eróticos
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Afrodita