Con mis amigas organizamos las vacaciones para poder recibir el nuevo año en las paradisíacas playas del Brasil, todas vestidas de blanco y con una copa de caipiriña en mano.

Luego de un larguísimo viaje y algún que otro inconveniente, llegamos al ansiado destino del cual nos cautivó su clima y su gente alegre como los espléndidos ejemplares de hombres que se dejaban ver por las calles.

El 31 por la noche era el momento más esperado, durante horas nos preparamos para el gran evento en la playa al cual asistirían miles de personas con las mismas ansias de diversión que nosotras.
Para la ocasión elegí un vestido blanco, con un escote sugestivo y la falda corta, deseaba verme candente porque quería seducir y calentar, estaba resuelta a despedir el año follando y recibir al otro con un sublime orgasmo.

Ya en la fiesta todo era tal cual esperábamos, muchas personas con ganas de divertirse, sin limitaciones ni tabúes, deseosas de comenzar el nuevo año de una manera especial e inolvidable. Para ponernos en ambiente fuimos al puesto de bebidas por algo frío y refrescante, fue entonces cuando lo vi, era un morocho alto de grandes ojos verdes, labios carnosos y pelo ondulado que no apartaba sus ojos de mis curvas.

Sin dudarlo y aventajándome de que era una extranjera en un país alejado, me acerqué a ese extraño y pasé mis labios por su tentadora boca. El hombre no dudó en responder a mi beso y me hizo probar su cálida lengua.

No me interesaba saber ni su nombre, sólo quería que esasmanostomaran mi carne y que su verga penetre en mi vagina hasta hacerme explotar de placer. Por lo visto el comprendió al instante mis intensiones, tomándome por la mano sin pronunciar palabra alguna me condujo a un sitio alejado del gentío.

Caminamos hasta que el sonido de la música se oía muy distante y llegamos a un lugar apartado iluminado por la enorme luna, allí comenzamos a besarnos y desnudarnos él estaba tan excitado que casi rompe mi vestido al intentar quitármelo.

Una vez que mis bragas colgaban desgarradas de uno de mis muslos me tendió de espaldas y abriendo mispiernascon absoluta prestancia fundió sus carnosas fauces con los labios de mi vulva. Su lengua recorría cada rincón y jugueteaba con mi clítoris erecto a la vez que lo succionaba y masajeaba, yo enloquecía y me estremecía con cada beso.

Como mi vagina estaba muy abierta y mojada introdujo sus dedos para moverlos con una habilidad sorprendente. Los orgasmos me invadieron por miles, mi cuerpo parecía una serpiente por cómo se retorcía sobre la arena y mismanosse aferraban a sus cabellos.

Desesperado se quitó los pantalones sacando a relucir una semejante polla que confieso era inmensa, en mi vida había visto nada igual. No pude resistir la tentación de mamar ese trozo de carne dura y gruesa, y recorrerlo de principio a fin hasta introducirlo por entero dentro de mi boca.

Chupé su verga con tal devoción que lo hice correrse en minutos acabando sobre mis grandes tetas, el sentir su semen deslizándose sobre ellas hizo que me viniera una vez más mientras me aferraba a sus nalgas y terminaba de limpiar su pene con mis labios.

Para poder ponerse duro nuevamente empezó ajugarcon susexoagitándolo frente a mi cara y restregándolo contra mi pecho; su virilidad no se hizo esperar, cuando estuvo bien firme me recostó sobre la arena, subió mispiernasa sus hombros y me penetró con furia.

Su verga entraba y salía junto a sus dedos que no dejaban en paz mi clítoris, yo sudaba, temblaba, gemía y mientras más fuerte lo hacía, el se movía con mayor empeño.
Cuando se oyeron los lejanos gritos y festejos por el nuevo año un fuego intenso junto con varios orgasmos simultáneos se apoderaron de mi vientre haciéndome correr hasta dejar susexocompletamente empapado en mis fluidos.

Después de follar un rato más nos vestimos para volver con nuestros respectivos amigos y durante lo que quedó de las vacaciones no nos volvimos a ver.

Ya en el avión de regreso a casa,  miraba por la ventanilla y mentalmente me despedía del bello país cuando alguien se sentó a mi lado, para mi sorpresa era el extraño con quien la había pasado tan bien, pero que por cierto…. vivía en mi misma cuidad.



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