nov
14
2008
Mi habitación tiene un enorme balcón con un gran ventanal que lindera con las casas aledañas desde las cuales, obviamente, puede verse en detalle todo lo que sucede dentro de estas 4 paredes.
Cierto día, luego de salir desnuda del baño fue que lo descubrí. Desde un techo vecino, escondido detrás de un pequeño tapial vi un joven que me observaba, tenía los ojos desencajados y con una mano se fregaba la entrepierna.

Simulé que no me había dado cuenta porque me excitó el saber que alguien se masturbaba espiándome. Siempre me ha gustado mostrarme y calentar a los hombres por lo que la actitud de este chico además de subirme la autoestima, me encendía por sobremanera.
Decidí seguirle el juego y ofrecerle lo mejor de mí, así fue que exhibí desde todos sus ángulos mi cuerpo desnudo y todavía húmedo por la ducha que acababa de tomar. Por el rabillo del ojo espiaba constantemente a aquel sujeto que estaba notoriamente cada vez más caliente, ya había sacado su erecto miembro para amasarlo y blandearlo entre los dedos gruesos y torpes.
Esa escena despertó en mí, junto con una gran excitación, otra erótica idea. Me arrodillé sobre la cama mirando en dirección al ventanal ahora abierto de par en par y comencé a tocarme. Acariciaba y tomaba mispechossacando la lengua reluciente como lo haría la mejor de las actrices porno a la vez que una de mismanosdescendía hasta misexoy los dedos desaparecían en sus profundidades.
-Si tu gozas conmigo yo quiero participar activamente… dije para mis adentros mientras tomaba el dildo que siempre me satisfacía en las noches de soledad. Con un cojín en la espalda quedé semi recostada y con laspiernasabiertas para poder introducir ese juguete en mi vagina dilatada y húmeda.
El mirón estaba a punto de estallar, ya había perdido todo recaudo, se mostraba parado en el techo de su casa desnudo y con su verga entre lasmanosmasturbándose frenéticamente mientras se relamía y temblaba.
La escena hizo que me corriera al instante y el extraño pudo ver cómo mi vagina escupía su acuoso flujo a la vez que me retorcía por la intensidad orgásmica. El también acabó y expulsó un chorro de blanco semen sobre sus raídos jeans.
Pero como no soy una fémina fácil de satisfacer eseorgasmono me era suficiente. Más relajada y osada que nunca tomé el falo de silicona para lamerlo imaginando que era la verga del mirón de enfrente. Mi lengua recorría cada rincón del mismo hasta dejarlo completamente impregnado con saliva, luego lo introduje en mi boca e hice del juguete el más didáctico garganta profunda.
Casi por instinto mismanosse topaban una vez más con la tersura y voluptuosidad de mispechospara descender lentamente a la renovada humedad de la vulva y perderse en sus confines. Abriendo de par en par los carnosos labios dejé al descubierto mi clítoris rojo y erecto.
Lo llené de la fluidez de mis jugos y comencé a estimularlo, primero con mis dedos y luego con la gruesa punta del dildo que hacía deslizar por todos sus extremos hasta llegar a introducirlo en el muy dilatado orificio de mi vagina. Con una mano me embestía y con la otra acariciaba ese pequeño botón de placer que me hacía dar constantes brincos sobre el colchón.
Disimuladamente entrecerré los ojos y espié nuevamente al desconocido, este ahora estaba sentado sobre el tapial con la vista fija en mi carne mientras susmanosaprisionaban esesexonuevamente en alza. Tal calentura tenía el chico que se podía ver su pene hinchado, amoratado y muy duro.
Se me hizo agua la boca y el deseo voraz de poseer ese miembro dentro de mis entrañas surgió determinante. Con movimientos rítmicos y feroces penetraba mi vagina y me estremecía con la energía sexual que manaba de mi vientre.
Comencé a jadear como una gata en celo, mis gemidos eran tan intensos que llegaron a oídos del extraño causando en él la misma euforia e idénticos sonidos. Desde el cuarto pude escuchar su respiración acelerada, gruñidos y pequeños grititos de placer.
A pesar de la distancia que separaba nuestros cuerpos excitados ambos acabamos al unísono exhalando un soplido de satisfacción inconfundible.
Por el alboroto que montamos se encendieron algunas luces de casa vecinas y para permanecer en el anonimato apagué de inmediato las de mi cuarto hasta quedar escondida entre las penumbras observando cómo el extraño se retiraba.
A la noche siguiente le busqué para repetir la experiencia y grande fue mi sorpresa cuando descubrí que en lugar de uno había más mirones, el chico y 2 amigos esperaban ansiosos a que yo saliera a escena.
Sin dudarlo y más feliz que nunca, con gran satisfacción encendí las luces, abrí las cortinas y me despojé de toda la ropa.
Etiquetas cachonda, Historias, masturbación, mirar, placer, sexo, Sexualidad, voyeur
Categoría Relatos Eróticos
2 comentarios
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Afrodita[...] [Relato erótico] El mirón de enfrente (por sexología) [...]
hola lei este articulo por curiosidad no se como puede existir estos articulos por internet lo puede leer cualquier niño...