frecuencia sexual

La naturaleza humana tiende a buscar explicaciones a todo lo que sucede a su alrededor, y si esos acontecimientos se pueden medir, mucho mejor.

Tal es el caso de la preocupación masculina por el tamaño de su miembro. A pocos les interesa si hacen buen o mal uso de él, sólo les importa si es lo suficientemente grande o no.

Algo similar sucede con la frecuencia sexual en una pareja. Son muchas las personas que en una visita al sexólogo lo primero que preguntan es “¿cuántas veces es normal?”. Aclaramos que “normal” significa “lo que hace la mayoría”, que por otra parte, no necesariamente es lo correcto.

No existe un número por encima del cual seas un superhéroe y por debajo del cual debas convertirte en eunuco. La frecuencia sexual óptima es la que mejor se adapta a tus intereses, posibilidades y ganas.

Estos tres factores no siempre confluyen: te gustaría que fuera más seguido, pero no dispones de suficiente tiempo físico o no tienes tantas ganas hoy. Y así las combinaciones son numerosas.

Lo más recomendable es que converses del tema con tu pareja y encuentren un punto de equilibrio, pues en esto tampoco tienen por qué ser iguales.

Baste como ejemplo un fragmento del texto de la película Annie Hall de Woodie Allen:

Sexólogo: – “¿con cuánta frecuencia hacen Uds. el amor?
Annie Hall: – “¡muy seguido!, ¡tres veces por semana!”
Woodie Allen: – “casi nunca, sólo tres veces por semana”



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