Con Juan somos pareja hace muchos años pero nuestra vida sexual suele ser un tanto rutinaria, el trabajo, las obligaciones nos ocupan gran parte de las horas del día, por lo cual elsexoa veces pasa  a segundo plano.

Cierto día mientras estaba limpiando la habitación de mi hijo, que se encontraba de vacaciones, encontré dentro de una caja un arsenal de videos XXX.  Confieso que la  curiosidad y el morbo fueron tan fuertes que no pude resistirme y  me dirigí a mi cuarto para verlos sola y tranquila.

Con el trascurso de los minutos y las imágenes cada vez más calientes, comencé a excitarme, misexose encendía y sentía como mi vagina se mojaba.  De repente mismanosinquietas hurgaron entre los botones de la blusa desprendiéndolos uno a uno hasta quedar en ropa interior con laspiernasabiertas y la vulva dilatada clamando por acción.

En la pantalla podía ver como una mujer sobaba suspechosmientras un fornido hombre le lamía la vagina y otro la penetraba por detrás, al instante me relamía y me quitaba el sostén para acariciar missenoscon los pezones grandes y erectos.

Muy caliente deslicé mis dedos hacia el pubis, me quité las bragas y comencé a masturbarme mientras mantenía la vista fija en esas imágenes.  Ya completamente desnuda y recostada  con laspiernasbien abiertas  sobre el lecho metí  tres dedos en mi vagina mientras con la otra mano empapada en saliva friccionaba el clítoris hasta alcanzar el ansiado orgasmo.

Estaba asombrada con el éxtasis que me producía ver e imaginar que era follada por dos hombres a la vez por lo que decidí proponerle a mi marido que invite un amigo a compartir la cama.  Esa misma noche le comenté mi fantasía, en un principio se mostró reacio a la idea, pero luego de follar intensamente la pensó mejor y accedió.

El fin de semana siguiente Juan noche invitó a cenar a Raúl, un compañero de trabajo. Un hombre alto, de buen físico y fornido que  siempre me había gustado y más de una vez me había masturbado pensando en él.

Luego de la cena, serví unos cuantos tragos para entrar en clímax, puse música suave y los invité a bailar, sin reparos mi esposo me tomó por la cintura y apoyó su miembro en mi vagina mientras invitaba a  Raúl a participar. El me tomó por detrás, dejó que su verga se insertara entre mis nalgas a la vez que  manoseaba mis pechos.

Excitadísimos los tres comenzamos a besarnos y toquetearnos, yo entrelazaba la lengua con la de mi marido mientras Raúl me quitaba el vestido y lamía mi espalda.

Una vez desnuda, me arrodillé entre ambos y les bajé los pantalones, tomé sus dos vergas bien duras y las comencé a mamar desaforadamente pasando la lengua de una a la otra, succionando cada rincón, desde los testículos hasta el glande y dibujando surcos bajo la cabeza.

Raúl y mi marido estaban desencajados, eran presa de una furia sexual inaudita. Yo estaba enloquecida, me excitaba sentirme una puta que debía complacer dos pollas duras y gruesas.

Colocándome en 4 patas puse la cara frente a la verga de mi esposo para engullirla por completo mientras Raúl insertaba su miembro dentro de mis entrañas, mi cuerpo se movía con el vaivén de su pelvis y el pene de Juan entraba y salía de mi boca acompañando esos  movimientos.

Mi esposo no aguantaba más y me gritó que se corría, presurosa le ofrecí mi lengua para que acabara sobre ella, en el  instante que depositó su semen unorgasmome convulsionó; las sensaciones fueron tan intensas que comencé a chupar el miembro de tal manera que al segundo adquirió una gran firmeza.

Raúl excitadísimo por la escena no tardó en acabar; me incorporé y lo tendí de espaldas para lamer su pene hinchado y repleto de semen; mi marido me tomó por lascaderasy me penetró de una embestida mientras yo succionaba vorazmente el pene de su amigo hasta ponerlo muy duro.

Ahora quiero que me penetren a la vez, les exigí a los dos hombres y me coloqué a horcajadas sobre elsexode Raúl mientras respingaba las nalgas para que mi esposo pudiera insertar su miembro en el ano.

Con suaves movimientos conseguimos encontrar el ritmo y follar los tres a la vez. Raúl se concentraba en mis tetas y extendía la lengua para alcanzar los pezones, mi marido me daba palmadas en las nalgas y yo gemía y jadeaba como una gata en celo.

Acabamos al unísono, los orgasmos fueron tan intensos y eléctricos que nos quitaban el aliento y dejaban los ojos en blanco, la experiencia realmente fue sublime.
Actualmente mi esposo me dice que eso ya pasó pero yo en verdad muero por repetir el encuentro una vez más.



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Categoría Relatos Eróticos

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acompañantes comentó el 31.01.2011 a las 17:52 pm

Excelente historia

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