jun
19
2009
La humedad y el calor eran insoportables. El arcaico ventilador de techo sólo conseguía remover el denso tufo conglomerado en la pequeña habitación. Helena habría querido cambiar de cuarto, pero todos los de la vieja pensión estaba ya ocupados. Sólo dos días, sólo dos días… se repetía a sí misma para tratar de aguantar y no desesperarse.
Quería conciliar el sueño, estaba terriblemente cansada, pero el vaho reinante y su piel empapada en sudor no la dejaban. Ya se había duchado tres veces y no sentía ganas de tomar nuevamente todos los cachivaches y dirigirse una vez más al aseo que quedaba al final del largo pasillo. Esa sola idea la ofuscaba, ya que un efímero baño sólo le otorgaría un instante de frescura para luego ceder ante las agobiantes temperaturas de la cuidad.
Mientras se arremolinaba sobre la cama la aparición de un golpeteo extraño captó su atención; con los ojos ceñidos y la oreja apuntando al techo agudizó el oído. No demoró mucho tiempo en descubrir la razón del alboroto… ese era el ruido de la pasión, delsexodesenfrenado sobre un viejo catre de hierro que se taconeaba contra el fino piso de madera.

Helena sonrió con cierta picardía y trató de retomar sus esfuerzos por combatir el insomnio, pero al poco rato estaba nuevamente expectante ante los movimientos rítmicos de la ardiente parejita de arriba. Se sorprendió a si misma reaccionando a esos gemidos eróticos, su cuerpo estaba actuando sin pedir permiso a su mente y la provocaba insistente al placer.
Al poco rato estaba empapada y agitada, la temperatura había aumentado -pero no por el ambiente- su propia piel ardía a causa del fuego que la consumía desde dentro. Llamaradas que nacían entre sus piernas, recorrían su vientre y se anidaban en sus pezones ya erectos. Helena se quitó la poca ropa que llevaba puesta y desnuda sobre la cama cerró los ojos concentrando su atención en esos jadeos pasionales.
La piel se erizaba al suave contacto de sus dedos. Cuando comenzó a acariciar suspechosun suave cosquilleo eléctrico la recorrió de punta a punta; los rodeaba con ambasmanosmientras cruzaba laspiernasaprisionando el clítoris entre ellas. Helena se retorcía y acompañaba los cánticos eróticos ajenos con sus propios gemidos. Estaba inmensamente excitada, el sueño se había evaporado y ahora se encontraba más despierta que nunca.
Abrió laspiernasy sin dejar de sobar sussenosuna de susmanosemprendió el camino hacia el sexo. Acarició el vientre húmedo, tan caliente que parecía quemar mientras se regocijaba oyendo y percibiendo que estaban haciendo los fogosos amantes de arriba. Mientras Helena fantaseaba y abría los labios de su vulva mojada, el tamborileo de la cama de hierro aumentaba, se volvía colérico, rítmico y enérgico.
¿La estaría montando por detrás? ¿O quizás sería ella enloquecida por el deseo cabalgándolo con tanta fuerza?… En su mente Helena reproducía la imagen que más la provocaba mientras sus dedos cobraban mayor vigor. En esas fantasías era ella la amazona, la esclava, el objeto sexual de un hombre ávido desexoque la penetraba furioso haciendo rechinar los resortes del colchón y repiquetear las patas de la cama.
Con los ojos cerrados la lengua recorría toda la extensión de su boca y susmanosse ensamblaban para apresar juntas el botón de su vagina. El clítoris hinchado y oprimido entre esos dedos se enrojecía y Helena elevaba su pelvis mientras la balanceaba de arriba hacia abajo como si un amante invisible sostuviera su miembro frente a ella.
Los latidos de su corazón se aceleraban y sus músculos se tensaban. El repiqueteo de la cama estaba en su punto máximo al igual que el volumen agudo y penetrante de los gemidos. Sólo una fina de madera separaba a esos sexos que unidos por el deseo conjunto de los placeres de la carne.
Los tres cuerpos calientes se acoplaron en unorgasmosublime, los amantes copulando en la falsa soledad de su cuarto y Helena bajo ellos masturbándose, sucumbían en un estallido de placer que profesaron con un ahogado gemido.
Agitada, sudorosa pero satisfecha…. Helena cerró los ojos, acomodó la cabeza en la almohada y desnuda sobre la cama, al fin se quedó dormida.
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Categoría Relatos Eróticos
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Publicado por
Afrodita