
La sexualidad no está reñida con la moralidad, en ningún caso, ya que la sexualidad es un ejercicio de la libertad individual de cada persona, y cada persona tiene su propia moralidad, por encima de lo que le diga la sociedad.
Por ello, no te preocupes por la moral que te hayan inculcado tus padres, tus profesores o tus vecinos. Tienes que buscar tu propia moralidad, esa que se ajuste a tus principios, y te permita vivir tu vida con plenitud. Y una vez que la hayas encontrado, ajusta tu sexualidad a ella, tu único límite para disfrutar del sexo será la moralidad que tu te marques.
Porque superar los límites de tu propia moralidad, esa que te has marcado tú, no esa que te ha marcado la sociedad, te traerá problemas de conciencia que no te permitirán disfrutar del sexo. Por tanto, márcate tu moralidad y llega hasta sus límites con tu sexualidad.



