El sabor de lo prohibido es el condimento que le da sazón a nuestra relación y por ello cada encuentro es tan picante. No consigo resistirme a sus besos, sus caricias ni al olor de su piel, en cuanto lo tengo frente a mi caigo rendida en sus brazos dispuesta a que susmanosme den forma.

Las horas durante las que debemos pretender no conocernos más que “de vista” se hacen interminables por ello con frecuencia saciamos nuestras ganas escabulléndonos a escondidas en el toilette  más lejano de la oficina, cerramos la puerta con seguro y fornicamos como animales en celo sobre el retrete o el lavabo.

Me es imposible describir con palabras cuánto me excita subir mi falda recta y sobria de oficinista para mostrarle la minúscula tanga que llevo debajo a la vez que me abro depiernasinvitando a que me penetre con su jugoso miembro. Despatarrada sobre el frío mármol coloco un pie sobre la pared de junto mientras que con la otra pierna abrazo su cintura para atraer su pelvis contra la mía.

Pero lo que a él más le gusta es tomarme por detrás para poder ver mi rostro frente al espejo, suele agarrar mis nalgas y restregar susexocontra ellas para calentarse los suficiente luego me levanta la ropa y sólo se limita a correr las bragas para meter su verga en las profundidades de mis entrañas. ¡Qué manera de gozar!, mientras me folla yo fricciono mi clítoris con tanta lujuria a la vez que le dedico los gestos más sugestivos relamiéndome de placer.

El embravecido por el deseo admira la imagen que le devuelve el espejo y me pide que me toque lospechosque cuelgan turgentes y erectos, obedeciéndole como una geisha yo los tomo entre mismanose intento llevarlos hacia mi boca a la vez que saco la lengua para lamer su piel. Soy consciente de lo que genero en él y por ello mismo no consigo parar ni un segundo para pensar al peligro que nos exponemos si somos descubiertos en pleno acto, el éxtasis en que nos sumimos es más poderoso que cualquier razonamiento.

Nuestra erótica relación no sólo se da durante el trabajo, nunca desperdiciamos una oportunidad, cada vez que conseguimos terminar antes o encontramos una excusa creíble que darles a nuestras respectivas parejas, corremos al hotel más cercano para poder follar hasta el hartazgo, cosa que por cierto de ningún modo conseguimos alcanzar porque siempre nos quedamos con ganas de mucho más.

Encerrados en esas 4 paredes de alquiler nos amamos hasta sentir el fuerte ardor en nuestros sexos pero nunca es suficiente, el dolor de los genitales no opaca el deseo ni aminora la satisfacción sino que aumenta el placer como una suerte de aliciente masoquista. Buscamos más y más goce en toda forma conocida,  lo hacemos restregándonos sobre el lecho que gime junto a nuestro rítmico compás también de pie contra la pared, sobre el rojo sofá de terciopelo… estamos siempre tan calientes que no concebimos límites en cuanto a espacio físico o deaccesoriosse trata.

La voracidad de nuestro deseo es incontrolable jamás conseguimos satisfacer por entero el hambre que sentimos, cada uno es la fuente de fruición y adicción del otro. Imposibles de contener y a la vez de soportar son las ansias que saborear nuestra carne, lamer nuestros sexos y follar de forma desmedida. Nuestras pieles fundidas en un abrazo sexual, el calor del cuerpo y la erótica sensación de los sexos resbalándose por una mezcla entre sudor y fluidos  hace que alcancemos orgasmos intensos, reiterados e increíbles.



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1 comentario
raul comentó el 24.05.2009 a las 22:12 pm

Es necesario que un hombre deba evacuar períodicamente su sémen?, ó nó tiene importancia esta acumulación dentro del hombre para su salud?. Me gustaría saber sí es importante por salud evacuarnos cada semana a traves del sexo, mansturbación ó juguetes eróticos.

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