
Podemos definir la libido como el apetito o el impulso sexual que nos hace desear a una persona o volvernos deseables por ésta.
Es un proceso que se origina en el inconsciente del cerebro como producto de factores psicológicos, espirituales y fisiológicos (hormonas), y otros más diversos como la educación, la cultura, etc.
No obstante, un 15% de hombres y un tercio de las mujeres en algún momento de su vida llegan a presentar un trastorno de la libido.
Asimismo, existen matices en cuanto a la disfunción de la libido puesto que no existe una dosis estándar de deseo, depende de cada persona y varía según las circunstancias.
Es aquí donde viene a tallar el equilibrio, el cual lo debe poner el miembro menos fogoso de la pareja, pero sin llegar a extremos que puedan producir serios conflictos en la relación.
Por otro lado, existe lo que se llama el deseo sexual interferido, que se refiere cuando el sexo no fluye por factores como la desconfianza de pareja, el disgusto, la conveniencia o cuando se usa el sexo como soborno, por nombrar algunos.
Otros factores no íntimos que pueden afectar la libido son la incidencia de enfermedades, la toma de medicamentos o el consumo de alcohol y sustancias nocivas que pueden imposibilitar la erotización.
Por último, creo que el sexo sin libido no existe. Puede que no haya penetración, pero la libido no puede estar ausente porque es la sal que le da sabor, vida y sentido a esta maravillosa unión de personas llamada sexo.
Publicado por Venus en Excitación, Falta de deseo, Pareja, Pareja, Problemas Sexuales, Problemas de pareja, Prácticas Sexuales, Vida sexual el 24 Abril, 2008
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