Julieta y Camila eran inseparables, más que hermanas gemelas ellas se completaban dando origen a un nuevo ser. Siempre compartieron todo, una no concebÃa su existencia si no era mediante la presencia de la otra.
Su unión simbiótica las acompañó en la vida adulta, acrecentando por dos los deseos naturales del cuerpo cuando sus sexos florecieron. Ya mujeres y deseosas de explorar los placeres carnales comenzaron a sumergirse en la tibieza de sus vientres explorando y satisfaciéndose al unÃsono.

Habiendo descubierto ya su sexualidad, trasladaron ese hambre voraz al universo masculino. Como era de esperarse ningún hombre podÃa resistirse a la idea de compartir el lecho con dos mujeres de tales caracterÃsticas: eran dos hembras impresionantes, de negras melenas, prominentes curvas, penetrantes ojos azules y labios carnosos que disfrutaban devorando gruesos y duros sexos.
Las exigencias sexuales de las mujeres eran extenuantes, dÃa y noche su lujuria se encendÃa y buscaban ser satisfechas de todas las formas posibles sin descanso. Nunca tenÃan paz, sus vaginas constantemente húmedas pedÃan ser llenadas, lamidas y friccionadas.
Por tal motivo asiduamente debÃan estar al acecho de algún hombre que saciara sus instintos, la inagotable necesidad de sexo, sudor y placer. Pero esta búsqueda acabó cuando José llegó a sus vidas.
Un hombre único, su virilidad era codiciada por todo el género, el imponente miembro que le colgaba entre las piernas estaba siempre listo para entrar en acción y podÃa pasar horas en el campo de batalla sin mostrar un ápice de abatimiento.
Cierta noche las chicas se encontraban en el bar del pueblo cuando su mirada se cruzó con unos ojos negros y penetrantes, fue como quien dirÃa amor a primera vista, en ese momento los tres sintieron la completa seguridad de que estaban destinados.
Las gemelas al fin habÃan encontrado su otra mitad, la fuente inagotable de placer, la garantÃa de que vivirÃan satisfechas compartiendo el mismo hombre, el sexo y toda su esencia. Se le ofrecieron sin preámbulos, oportunidad a la que por supuesto él no osó rechazar.
Luego de beber algunas copas y ansiosos por concretar salieron del bar, pero su calentura era tan intensa que no les permitÃa siquiera esperar llegar a destino y comenzaron a amarse en el coche.
José estaba al volante y Camila sentada junto a él, sigilosamente ella escabulló su delicada mano dentro del pantalón, bajó la cremallera y sacó el reluciente miembro que se llevó a la boca no sin antes lanzar un suspiro mezcla de asombro y placer.
Por su parte Julieta que estaba sentada detrás se habÃa aproximado y besaba el cuello de José recorriéndolo con su lengua caliente mientras se masturbaba. Incapaz de seguir manejando el joven aparcó el coche y dejó que todo sucediera.
Los tres salieron del carro, las gemelas ya desnudas acorralaron a José contra la cajuela; mientras una lo besaba y tomaba su mano para introducÃrsela en la vagina, la otra se inclinaba para succionarle la verga que parecÃa explotar de éxtasis.
Luego ambas le ofrecieron un show erótico impactante, restregaban sus cuerpos sudados, se besaban, lamÃan sus tetas y se masturbaban con voracidad. Camila de un brinco subió sobre la cajuela y abrió las piernas para exhibir su vagina abierta y húmeda, luego Julieta se aproximó a ese sexo, abrió los labios y fundió su boca con ellos a la vez que respingaba sus nalgas y le indicaba a José que deseaba ser penetrada por detrás.
Sin dudarlo este introdujo su pene erecto, hinchado y palpitante dentro de las profundidades lubricadas de la morena. Con cada rÃtmica embestida Julieta introducÃa aún más su lengua y mordisqueaba la vagina de Camila quien se desarmaba en gemidos, suspiros y grititos de placer.
Realmente la escena era impactante de ver… un hombre con los pantalones bajos fornicaba con una exuberante morocha mientras ésta le besaba el coño a la otra que permanecÃa con las piernas abiertas sobre un coche, manoseaba sus tetas y extendÃa la lengua para lamer los pezones.
Luego de un buen rato de pasión cambiaron los roles; Julieta se tendió de espaldas sobre la hierba abrió sutilmente las piernas, Camila se sentó a horcajadas sobre ésta para cabalgarla y friccionarla. Juan se masturbaba observándolas hasta que le invitaron nuevamente a participar, Camila se colocó en 4 patas para besar y masturbar a su hermana mientras disfrutaba de la verga de José restregándose contra su clÃtoris a la vez que entraba y salÃa de su vagina.
Las horas pasaron y el alba los sorprendió aún enredados y llenos de fuego, pero como la intimidad que les ofrecÃa la noche se habÃa desvanecido decidieron seguir camino hasta la casa de las gemelas donde reanudaron la faena que hoy dÃa se repite hasta el cansancio.
Publicado por Afrodita en Relatos Eróticos el 24 Octubre, 2008
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