Estoy ansiosa, la hora pactada para el encuentro esta muy cerca, ya no sé que hacer para matar el tiempo y distraerme un poco, te deseo tanto que pareciera que mi cuerpo ya percibe la proximidad del tuyo a pesar de que aún no te haya visto.
Me arreglo una y otra vez tratando de estar lo más sexy posible, no quisiera que te lleves una mala impresión o que no te guste como me veo. Miro mi figura reflejada en el espejo, acaricio mis formas con las vivaces manos que fervorosas desean recorrer tu carne. Estoy muy excitada, ya ha pasado demasiado tiempo desde la última vez y las imágenes que guarda mi memoria me han acompañado desde entonces en mis noches de soledad.
No pasó un día en el que no te haya recordado, me masturbé mil veces imaginando que estabas así sobre mí, penetrándome con fuerza mientras agarrabas mis pechos turgentes y pulposos y con tu lengua húmeda recorrías mis labios sedientos de tu sexo. Mi vagina se moja con el sólo hecho de pensarte desnudo, viril y erecto. Mi cuerpo está encendido como una llama ardiente que sólo puede ser apagada con largas horas de placer.
Estoy recostada sobre mi cama y observo a las agujas de reloj caminar tan lentas, como si quisieran detener el tiempo y prolongar mi espera. No aguanto, el calor y las ganas me consumen, te necesito en este preciso momento montándome y agarrándome de las tetas como si fuera una yegua salvaje.
Me resulta imposible resistir al impulso de tocar mi vagina tan tierna y caliente. Lentamente abro las piernas y busco con mis dedos finos el centro del placer para acariciarlo y humedecerlo con mis fluidos. El deseo cada vez más se apodera de mi ser y me transforma en una fiera hambrienta que necesita devorar y ser devorada, me despojo de las pocas ropas que llevo puestas y con una de mis manos masajeo mis pezones erectos mientras mi lengua húmeda recorre las sendas de mis labios.
De repente me encuentro totalmente desnuda, con las piernas abiertas y la vagina dilatada y húmeda sobre la cama disfrutando de la íntima sensación del contacto con mis manos, imagino que son las tuyas, que ya has llegado para hacerme gozar como la última vez que nos vimos.

Necesito tener tu verga dura dentro de mi vientre, entrando y saliendo mojada y muy caliente, mi vulva abierta me pide desesperada que la llene con tu sexo, no aguanto y voy en busca del mejor amante que existe después de ti, el vibrador que me ha acompañado en las noches húmedas y solitarias.
No dudo en introducirlo bien adentro y al instante una sensación sublime me inunda desde la pelvis hasta el alma, lo hago entrar y salir como si fueras tú el que me penetra; uno a uno los orgasmos en fila me hacen estremecer y revolcar sobre las sábanas desechas y arrugadas de pasión. Con la respiración acelerada doy alaridos de placer que inundan la habitación de una suerte de magnetismo sexual que invita a disfrutar de los placeres más oscuros.
Sudada y excitada pero aún no satisfecha me incorporo y adoso a mi amigo a una silla y haciendo como si me sentara me bamboleo sobre ella imaginando que tú estás debajo con el pene bien duro, grueso y mojado. Con una de mis manos busco descargar mi peso contra la mesa de noche y con la otra fricciono mi clítoris enloquecida para acabar miles de veces.
Con los muslos cansados me hecho nuevamente sobre el borde de la cama y elevo las piernas a la vez que vuelvo a penetrarme para seguir gozando e imaginando que tú me estás follando. El clímax está muy cerca, lo siento venir, cada fibra de mi cuerpo se estremece y una explosión de humedad sale disparada de mi vagina empapando el vibrador, el orgasmo más intenso y desgarrador que en mi vida había sentido se hizo presente en este preciso momento apoderándose de todo mi ser.
Me arqueo sobre las sábanas y gimo sin parar, me falta el aliento pero no puedo impedir que los sonidos más bellos y exquisitos salgan de mi boca como invitando al placer a quien esté dispuesto a compartirlo conmigo.
Lentamente me incorporo, observo la imagen que me devuelve el espejo y una sonrisa cómplice hace nido en mi rostro. Acomodo la cama una vez más para que cuando llegues esté todo impecable, me sirvo una copa de champaña y me dirijo al baño, lleno la bañera, le hecho sales y me sumerjo; al segundo oigo el sonido de tus llaves abriendo la puerta de entrada y tu pasos presurosos que se encaminan hacia nuestra alcoba.
-Aquí estoy amor, en la bañera, te estaba esperando ansiosa ya no aguantaba más, ¿Porqué demoraste tanto? te digo con voz seductora mientras calmo la sed abrumadora de mi garganta con un sorbo de la deliciosa champaña.
Publicado por afrodita en Relatos Eróticos el 27 Junio, 2008
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