
Ya hemos comentado muchas veces sobre las fantasías sexuales que todos los seres humanos tenemos. Algunos se animan a concretarlas, otros no, pero lo cierto es que existen y son de muy diversa naturaleza, tan variadas como preferencias eróticas hay en el mundo.
Están quienes quieren tener sexo en un ascensor, el baño de un avión, un cine, y hasta en un cementerio. Pero hoy nos ocuparemos de una fantasía que conjuga lo más exacerbado del narcisismo con una dosis importante de exhibicionismo, el sexo en público.
Esta fantasía es recurrente, especialmente entre las mujeres. Consiste en desafiar el asombro ajeno pero con una íntima esperanza de no ser descubiertos. Contrariamente a lo que se supone esto es bastante fácil de llevar a cabo: piensa en todas las oportunidades que tienes de estar con tu pareja en ámbitos socialmente concurridos y que se prestarían perfectamente para un encuentro sexual.
Viajando en un bus, un cine o un parque (discretamente, claro) son lugares por demás aptos para concretar esta fantasía. El morbo entra en acción cuando acercándose al clímax la pareja no puede hacer exclamaciones demasiado sonoras para no ser descubiertos: olvídate de los gemidos y las expresiones estridentes de placer.
El sabor de lo prohibido en este caso (y una vez más) potencia la libido y dispara el placer a las nubes.






























