[Relato erótico] El sueño de Irma

Sudada trataba de escapar de las manos gruesas y fuertes que la sujetaban con furia. Sus piernas ágiles se trenzaban en una lucha encarnizada con esa pelvis impetuosa que pretendía aproximarse hacia su sexo.

Tendida sobre la hierba y amarrada entre unos varoniles brazos Irma permanecía inmovilizada, incapaz de defenderse. Ese extraño le tapaba la boca para que no gritase en y su lengua se empapaba con el sudor salado que éstas emanaban, progresivamente y presa del cansancio sus muslos cedían ante la fuerza de ese macho en celo y dejaban al descubierto su flor.

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[Relato erótico] La virginidad de Laura

Laura era una joven bella y casta de tan sólo 17 años que comenzaba a descubrir los placeres que le podía procurar su carne. Durante las noches mientras reinaba el silencio en su hogar, sumida en la oscuridad bajo las sábanas se acariciaba imaginando que los dedos le pertenecían a otro, que el calor que percibía provenía de un cuerpo desnudo recostado a su lado en el lecho.

Antonio era un varón de prestigio, adinerado y maduro, contaba ya con 45 abriles cuando conoció a Laura, al instante quedó prendado de la jovial frescura de su cuerpo y el aroma a rosas que despedía su cabello.

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[Relato erótico] Sexo tras el cristal

No consigo dormir, doy vueltas en la cama intentando conciliar el sueño pero me es imposible, apenas cierro los ojos me invaden las imágenes de esos cuerpos desnudos restregándose sudorosos, con las lenguas enredadas y las manos hundidas en la carne.

Todas las noches es lo mismo, desde la ventana de mi piso puedo observar las habitaciones de los edificios linderos y en una de ellas religiosamente dos amantes consuman el fuego de sus sexos tras el cristal, disfrutando de la adrenalina propia de su exhibicionismo.

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[Relato erótico] Helena al fin se sintió mujer

Helena es una mujer de unos cuarenta y tantos años que a pesar de su edad conserva el cuerpo y el espíritu de una joven. Realmente hermosa, los años en vez de apagar su belleza en cierta forma la han acrecentado, su ser muestra la perfección de las peligrosas curvas, los pechos turgentes, las caderas amplias y sabrosas como una fruta madura.

Helena está casada hace unos años, su marido es un buen hombre pero no un ejemplo de esposo, se ausenta por largos períodos dejándola sola y aburrida, lo que generó en ella una insatisfacción muy grande y la llevó a buscar amor en otros brazos…

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Publicado por afrodita en Relatos Eróticos el 8 Agosto, 2008

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[Relato erótico] Desnuda frente al espejo

Vanesa comenzaba a inquietarse, hacía más de 20 minutos que lo esperaba en la habitación de aquél motel,  a pesar de saber muy bien que no era puntual y nunca llegaba a la hora que convenían, no conseguía guardar la calma.

Pero nada podía hacer, al relacionarse con ese hombre en cierta forma había aceptado las vicisitudes que tienen que tolerar las mujeres que salen con casados y ya era tarde para dar marcha atrás.

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[Relato erótico] La orgía de Sonia y Samara

Sonia aparentaba ser una mujer normal. Como muchas féminas era independiente, desde joven trabajaba y vivía sola en un piso céntrico, era callada, reservada y no hacía amistades con la gente.

Su cerrada personalidad lograba que los vecinos la tildaran de extraña, amargada y antipática; contadas veces alguno había recibido un esquivo saludo de su parte, pero en general la mayoría no conocía ni el timbre de su voz.

En verdad nadie sabía de la auténtica Sonia, puertas adentro, en la intimidad de su hogar ella se despojaba de toda mascara y su verdadero yo salía a la luz. La mujer que habitaba en sus entrañas era la antíteisis de la que se dejaba ver, una dama sádica, mordaz y feroz se apoderaba de su cuerpo noche tras noche.

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[Relato erótico] El despertar de Minerva

Minerva era una joven de curvas prominentes y muslos carnosos, su cuerpo destilaba un aroma cálido y dulce y el color trigueño de su piel relucía bajo el sol convirtiéndola en una especie de ninfa morena, turbia y silenciosa.

A pesar de que su exuberante belleza siempre había actuado como una suerte de imán atrayendo a muchos hombres, Minerva nunca conoció el verdadero sabor del sexo, cuantiosos machos dejaron huellas en su cobriza piel pero ninguno de ellos fue capaz de lograr que en su vientre se encienda el placer.

Minerva vivía resignada creyendo que su cuerpo no era capaz de ofrecerle los deleites propios de la carne, para ella no existía miembro capaz de llenarla de gozo. Se había vuelto fría e impávida como el hielo… hasta que conoció a Pedro.

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[Relato erótico] Hasta que nos sorprenda el alba

Por asuntos de negocios tengo que parar en la cuidad y aprovecho para saludar a un viejo amigo que hace años no veo, ya en su puerta toco el timbre y mi corazón da un brinco junto con el chirrido de la campanilla.

La emoción por verle es muy intensa, siempre hemos sido tan unidos que muchas veces dudé acerca de la verdadera naturaleza de mis sentimientos.

Abre la puerta y con una enorme sonrisa me abraza diciéndome lo alegre que le ha puesto mi visita, me invita a pasar y nos sentamos en el recibidor, charlamos durante horas hasta que un trueno ensordecedor nos sobresalta. Se ha desatado una tempestad, el viento ruge azotando los árboles con furia y la lluvia parece inagotable. Es ineludible, en estas condiciones no puedo continuar mi viaje bajo ninguna circunstancia.

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[Relato erótico] El arte del sexo

Estamos solos en esta pequeña habitación húmeda y sombría, el observa mi cuerpo desnudo, blanco y frágil como la seda, pero parece no interesarse en mí como mujer, sólo plasma cada detalle de mis curvas en su lienzo. Para el soy un objeto de finos contornos y suaves colinas del cuál sólo desea conservar su imagen.

Cuánto quisiera que dibuje sobre mi piel trazos de deseo con su lengua ágil, húmeda y caliente, que me pinte tal cual cuadro y plasme dentro de mi ser oleadas llenas de éxtasis.

Me ruborizo, mi rostro se enrojece delatando las escenas calientes que se desarrollan en mi mente, no me importa, igual el parece no notarlo. Lo desnudo con la mirada, lo imagino viril y erecto zambulléndose por entero en el agua que emana de mis entrañas.

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[Relato erótico] Mientras espero por tu sexo

Estoy ansiosa, la hora pactada para el encuentro esta muy cerca, ya no sé que hacer para matar el tiempo y distraerme un poco, te deseo tanto que pareciera que mi cuerpo ya percibe la proximidad del tuyo a pesar de que aún no te haya visto.

Me arreglo una y otra vez tratando de estar lo más sexy posible, no quisiera que te lleves una mala impresión o que no te guste como me veo. Miro mi figura reflejada en el espejo, acaricio mis formas con las vivaces manos que fervorosas desean recorrer tu carne. Estoy muy excitada, ya ha pasado demasiado tiempo desde la última vez y las imágenes que guarda mi memoria me han acompañado desde entonces en mis noches de soledad.

No pasó un día en el que no te haya recordado, me masturbé mil veces imaginando que estabas así sobre mí, penetrándome con fuerza mientras agarrabas mis pechos turgentes y pulposos y con tu lengua húmeda recorrías mis labios sedientos de tu sexo. Mi vagina se moja con el sólo hecho de pensarte desnudo, viril y erecto. Mi cuerpo está encendido como una llama ardiente que sólo puede ser apagada con largas horas de placer.

Estoy recostada sobre mi cama y observo a las agujas de reloj caminar tan lentas, como si quisieran detener el tiempo y prolongar mi espera. No aguanto, el calor y las ganas me consumen, te necesito en este preciso momento montándome y agarrándome de las tetas como si fuera una yegua salvaje.

Me resulta imposible resistir al impulso de tocar mi vagina tan tierna y caliente. Lentamente abro las piernas y busco con mis dedos finos el centro del placer para acariciarlo y humedecerlo con mis fluidos. El deseo cada vez más se apodera de mi ser y me transforma en una fiera hambrienta que necesita devorar y ser devorada, me despojo de las pocas ropas que llevo puestas y con una de mis manos masajeo mis pezones erectos mientras mi lengua húmeda recorre las sendas de mis labios.

De repente me encuentro totalmente desnuda, con las piernas abiertas y la vagina dilatada y húmeda sobre la cama disfrutando de la íntima sensación del contacto con mis manos, imagino que son las tuyas, que ya has llegado para hacerme gozar como la última vez que nos vimos.

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[Relato erótico] El doctor sexo

Miro el reloj a cada rato, las agujas parecen haberse detenido, el tiempo permanece estático cuando tengo que esperar. Hace más de 40 minutos que estoy en la sala de espera aguardando a ser llamada.

Si no fuera porque realmente disfruto que él me revise, no vendría al médico por nada del mundo. Es un hombre tan sensual, tiene esa mirada azul profunda que te penetra hasta el alma, lleva siempre al cabello alborotado como si nunca se peinara y casi todas sus camisas están arrugadas, pero a mí me gusta ese aspecto rebelde y desaliñado. Es mucho mayor que yo, supongo que me lleva más de 15 años, pero me excita de tal manera…

Hace años que le deseo, cada vez que me toca se me eriza la piel y un escalofrío recorre las fibras de mi cuerpo. Sé que él lo sabe y lo disfruta, puedo verlo en sus ojos cuando se me acerca, también sé que me desea, le gusta acariciar mi piel caliente pero hasta ahora no ha tenido las agallas suficientes para cruzar la barrera que nos separa.

Mis fantasías con él en su consultorio no conocen límites, me he masturbado miles de veces imaginando que estoy tendida sobre la camilla con las piernas abiertas de par en par mientras él me penetra una y otra vez. Mi vagina se humedece de sólo recordarlo. Cómo quisiera revolcarme desnuda sobre su escritorio y guardar dentro de mi boca toda su dura hombría.

La puerta del consultorio se abre y el se asoma para hacerme pasar, me incorporo de un salto, apresurada y ruborizada con una sonrisa que en cierta forma delata los pícaros pensamientos que divagaban por mi mente. Con un ademán seco y hostil como es su costumbre me indica que me desvista y acomode en la camilla para poder examinarme.

Estoy muy mojada y dilatada, cuando me revise lo va a notar, además mis pezones están tan erectos que es imposible disimular las ganas de follar que tengo. Ya no hay vuelta atrás, es ahora o nunca, lo miro fijo a los ojos y decido dejar caer mi ropa ahí mismo, de a poco, como si de un streep tease se tratara sólo que de una manera un tanto más sutil.

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[Relato erótico] Mientras te veo dormir

Un fuerte trueno me ha despertado y no consigo volver a conciliar el sueño, afuera llueve torrencialmente, por la ventana puedo ver cómo las copas de los árboles se mecen bruscamente por el furioso viento que las azota sin cesar. De repente un estremecimiento electriza cada fibra de mi cuerpo.

Parada junto a la ventana te observo dormir tan plácido y tranquilo. Me recuesto a tu lado, necesito percibir tu calor y deseo sentirte cerca. Te acaricio suavemente, eres tan bello, tan seductor, tan atractivo.

Recuerdo cómo hace unos años atrás me despertabas en medio de la noche porque habías tenido un sueño erótico y deseabas hacerlo realidad, solías apoyarte en mí presionando tu hombría dura sobre mis nalgas, yo te respondía al instante.
Follábamos hasta el amanecer, sin parar ni un segundo y no nos importaba pasar todo el día adormilados porque en verdad valían la pena esas noches en vela en las que nos destrozábamos de placer.

Mi vagina se humedece, me excito al recordar esos momentos tan calientes. Gozaba tanto cuando me sentaba arriba tuyo y te montaba como un animal furioso. Mis tetas acompañaban todos los movimientos, tú las agarrabas fuerte y lamías los pezones dejándolos empapados de saliva.

Mi cuerpo se está encendiendo, percibo cómo la pelvis comienza a entrar en calor y me pide que la satisfaga, el deseo se ha hecho carne en mí, quiero follar toda la noche, tal cual lo hacíamos en los viejos tiempos.

Sigilosa voy hasta el armario y saco el conjunto de lencería que tanto te gusta, hace tiempo que no lo uso pero todavía mi silueta sabe cómo lucirlo. Observo la imagen que me devuelve el espejo y con las manos húmedas recorro las curvas de mi cuerpo. Mi piel se eriza, mi vulva se moja y mi respiración se acelera.

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[Relato erótico] Placer en el diván de mi analista

Debo encontrar el atuendo perfecto, algo muy sexy que destaque mis mejores curvas, hoy tengo la última sesión con mi psicólogo y quiero que sea inolvidable. Creo que llevaré la blusa blanca y la falda negra que con su tajo deja ver la piel cercana a mi entrepierna. Me miro al espejo y me encanta la imagen que me devuelve, eso es lo que precisamente quiero que él vea y que se vuelva loco de deseo por mi carne.

Se me está haciendo tarde, se acerca la hora y voy demasiado demorada, tomo el primer taxi que pasa y durante el trayecto imagino todo lo que le haría si lo tuviera tendido desnudo sobre mi cama, mi vulva se humedece y se me hace agua la boca con tan sólo pensar que tengo su verga muy dura dentro de mi vientre.

Estoy tan excitada, hasta el más leve movimiento del carro hace que cada centímetro de mi piel se erice haciéndome suspirar de deseo, son irresistibles las ganas de acariciar con mis delgados dedos los labios de mi vagina como hago cada vez que pienso en él; me cruzo de piernas para poder calmar aunque sea un instante las ganas de follar que me consumen.

Apresurada y con las mejillas ruborizadas por el calor le pago al taxista y salgo del coche casi corriendo, ya es la hora del momento más caliente de toda la semana. Desde que empecé terapia con él mis sueños se han poblado de las imágenes más cachondas y eróticas que alguna vez imaginé; le deseo con cada fibra de mi cuerpo, daría lo que fuera por tener sus huellas sobre mi blanca piel. En la sala de espera no hay nadie, debo ser la última paciente…

-Te estaba esperando, me dice y con un ademán me invita a pasar.

Me recuesto sobre el aterciopelado diván y coloco mis piernas de modo que la falda suba y deje al descubierto algo que no debería, por suerte mi plan ha dado efecto, además de ser analista el también es hombre y no puede resistir el deseo de fijar su vista sobre mis largas y bellas piernas. Lo veo ruborizarse e imagino que su hombría adquiere un poco más de firmeza…

El me habla pero no le escucho, durante toda la semana he esperado este momento, nunca había conocido hombre al que le deseara más en mi vida y debo aprovechar las circunstancias, es mi última sesión y quizás nunca más le vuelva a ver. Mi rostro se ilumina con la seductora sonrisa que dibujan mis labios.

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[Relato erótico] Contigo a pesar de la distancia

En la cuidad reina el silencio, ya es de madrugada y sigo sin poder dormir, estoy recostada sobre la cama con tan solo mis bragas puestas porque la noche está muy calurosa y ni siquiera el aire del ventilador refresca mi cuerpo.

Para colmo de males en la televisión no hay programa que valga la pena mirar, hace horas que hago zappping entre un canal y otro para poder distraerme y pasar el rato hasta que me entre algo de sueño.

Debo resignarme, pero es en estos momentos en los que más noto tu ausencia, me gustaría tanto tenerte aquí conmigo, sentir el calor de tu piel y el perfume de tus labios. Hace demasiado tiempo que no nos vemos a causa del maldito trabajo que hace que te ausentes de casa por largas semanas.

Cierro los ojos y tu imagen invade mi mente, veo con claridad tus mirada clara, la dulzura de tu sonrisa y tu cuerpo tan seductor que sabe hacerme entrar en calor y gozar como nungún otro lo ha conseguido en mi vida. Te deseo, deseo tu carne y tu alma, sin ti no puedo estar, no soporto más tu ausencia.

Intento pensar en otra cosa para no entrar en la melancolía y sigo cambiando de canales, tengo que encontrar algo que me distraiga hasta que de repente… ¿He que es eso? Mi mirada se clava en la imagen que me devuelve la televisión, un película porno acaba de comenzar.

Al instante una sonrisa pícara se dibuja en mi rostro, siempre me ha gustado disfrutarlas sola o acompañada, me excita mucho el ver a la gente tenido sexo.

Mmmmm interesante… coloco un almohadón detrás de mi espalda y me acomodo para tener una mejor perspectiva del panorama; las escenas calientes no tardan en aparecer, mi vagina se humedece al ver esas pollas grandes y duras, todo eso me da tantas ganas de follar….

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[Relato erótico] Cumpliendo horas extras en la oficina del jefe

El despertador se activó y su estridente chillido me arrancó de los brazos de Morfeo, me niego a despertar, estaba sumida en un sueño muy excitante al que mi cuerpo respondía de la mejor de las maneras. Mi vagina está tan húmeda, siento cómo el calor de la pelvis invade todo mi cuerpo; si la maldita campanilla no hubiera sonado habría disfrutado del mejor sexo onírico de mi vida, pero ahora estoy despierta y mi carne está hambrienta de placer porque no encuentra sosiego entre las sábanas.

Me doy una ducha fría pero las ganas de follar no se disipan, hace tiempo que no tengo contacto con un hombre y lo que más deseo en este momento es sentir el calor del cuerpo masculino sobre el mío.

Debo ir a trabajar pero no se cómo conseguiré concentrarme en todos los archivos pendientes que me quedan por revisar si mi mente divaga entre las escenas más calientes que recuerda y para colmo de males la oficina es un mar de testosterona, la mayoría de mis compañeros son todos hombres.

Quisiera poder acariciarme un poco antes de salir pero el tiempo apremia, mis manos desean bajar hasta la vagina pero no puedo darme el lujo de llegar tarde al trabajo, mi jefe me mataría si se entera que voy demorada.

Tomo coraje y cojo el primer taxi que pasa, por suerte no tuve que esperar mucho tiempo, trato de calmarme pero durante el camino me sorprendo a mi misma fantaseando con el conductor del coche, con esas manos gruesas y esos ojos profundos que se dejan ver por el retrovisor y me doy cuenta de la falta que me hace disfrutar de un buen sexo esta mañana.

Faltan unos metros para llegar a la oficina y mientras más me aproximo el perfume penetrante y masculino de mis compañeros se cuela por mis fosas nasales haciéndome inspirar profundamente lo que revive el deseo de mi carne caliente.

Paso el día entero sumida entre papeles y archivos tratando de controlarme y no desviar los ojos hacia los turgentes traseros o abultadas hombrías de los varones que me rodean, pero aún así me cuesta concentrarme y me demoro con el trabajo, por lo visto tendré que hacer horas extras.

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