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El arte de la seducción de las
geishas ha dejado de ser dominio restringido en Japón para
convertirse en materia de academia con el fin de evitar la
extinción de una profesión tan tradicional como desconocida
en Occidente.
Arte y espíritu
En
la ciudad de Ito, a 150 kilómetros al oeste de Tokio, una
asociación de geishas ha establecido unos cursos cortos de
introducción a una profesión que en sus más de tres siglos
de historia ha sido ensalzada e idealizada, pero también
fuertemente denostada.
A pesar de que geisha es una de las palabras japonesas más
conocidas en el extranjero, la mayor parte de los japoneses
de las nuevas generaciones no saben explicar con precisión
en qué consiste la labor de estas mujeres vestidas con
vistosos quimonos e intensamente maquilladas.
Esta academia se ha propuesto rehabilitar en Ito la cultura
de la geisha, cuando la desaparición de esta profesión ha
cobrado tintes alarmantes, dado que hoy sólo quedan unas 100
mujeres que la ejercen de las 750 que se calcula había en
los años sesenta.
Sin embargo, el curso va más allá del puro fin de la
supervivencia de esa profesión y se sumerge en las
profundidades del arte, el espíritu y las costumbres
tradicionales de la propia sociedad nipona.
"Queremos que la gente aprenda a tratar con delicadeza a sus
semejantes", explica a Hiromitsu Mushiaki, el director del
centro.
Mushiaki considera que Japón se ha enriquecido
materialmente, pero su mentalidad se ha empobrecido "porque
la gente ha perdido la tranquilidad y el respeto a la
tradición, para pensar en sí mismo, en su comodidad. La
cultura de las geishas está precisamente basada en la
hospitalidad, en otras palabras, en la compasión por el
prójimo".
Seducción Extrema
La palabra geisha se podría
traducir como "mujer del arte", en el sentido de profesional
del entretenimiento, cuyo cometido inicial es alegrar
reuniones, cenas y festines con su presencia y sus
habilidades artísticas.
Las
geishas convidan a sus clientes a alejarse de la vida
cotidiana utilizando su extraordinaria y particular belleza,
elegancia y encanto. Unas artes únicas de la seducción que
degeneraron en algunos casos en la práctica de la
prostitución, hasta que fue prohibida en 1958.
El desarrollo económico y la modernización de la vida
cotidiana se consideran como factores que explican su
progresiva desaparición, dado que el origen de la mayoría de
las geishas era muy humilde, y muchas habían sido vendidas
por sus familias a casas donde se ocuparon de su educación y
de su formación.
La academia de Ito no puede ofrecer semejante aprendizaje,
pero a cambio abre la posibilidad de penetrar en el mundo de
las geishas a partir de un curso de introducción, breve,
pero intenso, y que nada tiene que ver con los típicos
espectáculos dedicados a los turistas.
Durante dos días, además de la enseñanza del baile japonés,
las canciones y del "shamisen", instrumento típico de cuerda
que recuerda a la guitarra pero con sólo tres cuerdas, las
aprendices redescubren la conciencia de la belleza
tradicional y el enriquecimiento mental que el Japón actual
está perdiendo.
En otras palabras, se aprenden los buenos modales, que las
geishas llevan hasta el extremo, desde cómo abrir la puerta,
hasta cómo sentarse con corrección. Movimientos
aparentemente simples, pero que estas mujeres realizan con
un encanto y una seducción únicas.
Programas de Estudio
"Todos
los movimientos, la canción y el baile son muy complicados.
Sólo para abrir la puerta uso músculos diferentes. Me duele
todo el cuerpo, pero realmente esta manera de comportarse me
parece más elegante", explica Mieko Nakamura, de 56 años,
una ama de casa que se apuntó al curso con sus amigas.
En el segundo día del curso, las estudiantes se maquillan
como las auténticas geishas, aplicándose con mucho esmero
polvos blancos hasta en el cuello y la espalda, y se colocan
una peluca con un peinado con la forma de un abanico.
Este maquillaje y vestuario, que incluye el complicado y
vistoso quimono tradicional, logran que las aprendices se
metan de lleno en su nuevo papel.
"Me siento como una auténtica geisha. La elegancia de los
movimientos y las miradas me salen solas. Además no puedo
abrir la boca para reírme a carcajadas porque se me derrumba
el maquillaje", afirma Nobuko Kano, otra de las aprendices
de geisha, de 30 años de edad.
El curso tiene su examen final, en el que las nuevas geishas
muestran sus nuevos conocimientos en el baile y la canción
ante un público que hace de jurado y califica las
actuaciones con más o menos aplausos.
Según la academia, nadie ha suspendido hasta ahora, porque
las presentaciones son graciosas aunque pequen de
imperfección.
Hisako Matsui, recién graduada a sus 70 años, considera a
las geishas símbolos de la belleza y se ha dado cuenta de
todo el esfuerzo que ello supone. "Estoy muy cansada porque
el quimono y la peluca son muy pesados y reconozco que me
queda un largo camino hasta ser una auténtica geisha". |
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