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El
himen es un pliegue de tejido conjuntivo, que parcialmente
cierra el orificio externo de la vagina. Se encuentra a
pocos centímetros del exterior. Si aún se encuentra entero,
es roto o desgarrado completamente, durante el primero o los
primeros coitos. Sin embargo, esta membrana se desgarra por
diversos motivos: andar en bicicleta, cabalgar, gimnasia
olímpica y numerosos acontecimientos. Por lo tanto, un himen
roto, no constituye evidencia contundente de que la muchacha
no es virgen; por otra parte, existen casos en los que el
himen es tan flexible o plegable que puede realizarse el
coito en forma repetida, sin ocasionar la ruptura de esta
memtrana. Un himen intacto en el momento del primer coito,
es extremadamente importante para algunas mujeres.
En algunas culturas, se espera
la integridad del himen para poder entrar en la unión
matrimonial, y los ginecólogos -en esos casos- colocan o
reestablecen hímenes artificiales. Hay toda una serie de
mitos y de fantasías en relación al primer coito. Se supone
que la ruptura del himen trae inmensos dolores, que luego de
ello la mujer puede verse perturbada en su capacidad de
goce.
Obviamente, la presencia del
himen no cierra completamente la entrada de la vagina, si
no, no podría pasar el flujo menstrual. Hay casos muy raros
de imperforación del himen. Único caso en que es necesaria
una pequeña incisión quirúrgica, que no trae consecuencias.
Conjuntamente con un pequeño dolor, se produce -o puede
producirse- una pequeña aparición de gotas de sangre en el
momento posterior a la primera penetración peneana.
Si una mujer se encuentra
relajada, confortable, en compañía agradable y tierna, no
debe temer nada. Aunque tenga experiencia, puede tener una
tensión emocional intensa, que provoca contracción de los
músculos de la entrada vaginal. Esta contracción espasmódica
es la que provoca el dolor o las molestias de las primeras
penetraciones. Si la contracción es persistente, se denomina
vaginismo. |
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