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La
menstruación ha sido objeto, desde tiempos bíblicos, de
mitos, malos entendidos, ideas mostruosas y falsas e
instrumentada con intenciones de "terrorismo ideológico".
Hoy hay acuerdo científico, que las mujeres deberían
realizar sus ocupaciones y actividades habituales durante el
período de la menstuación. Tanto el participar en diversos
deportes, como tomar un baño, como lavarse la cabeza, no
provoca ningún tipo de daño. Tampoco provoca ningún daño
comer limones en esa época, o bebidas frías y otras ideas
descabelladas, sin ningún tipo de fundamento. Inclusive la
práctica de la natación, es aconsejada para las jóvenes. Un
estudio concienzudo, mostró que este tipo de deportes, es
beneficioso para las muchachas que padecen de dolores o
molestias en los períodos de la menstruación (dismenorrea).
Tampoco existe razón alguna
para abstenerse del coito durante la época de la
menstruación. No obstante, la mayoría de las culturas
occidentales actuales, imponen restricciones contra la
práctica (o cuando menos, expresan desagrado por ella).
Desde los estudios de Masters y Johnson, se sabe que la
práctica del coito, los días de la menstruación, puede
provocar alivio a las molestias que se presentan. No
obstante, la mayoría de las parejas, prefiere abstenerse en
los días de la menstruación. En el correr de la experiencia
sexual a través de los siglos, se ha considerado "impura" a
la mujer con menstruación, declarada no apta para el coito,
y castigada severamente, si pasaba delante de hombres cuando
estaba menstruando.
La
contaminación llegaba hasta el hombre, en el caso de
tocarla, según puede leerse en el libro Levítico, Capítulo
15, Versículos 19-24. Desde el año 60 A.C., el historiador
romano Plinio declaró que la sola presencia de una mujer
menstruando, provocaba que el vino nuevo se volviera rancio,
que las semillas se esterilizaran, que la fruta cayera de
las ramas de los árboles y las plantas de los jardines se
marchitaran. Además, el mismo autor opinaba que el flujo
menstrual destruía el filo del acero, era capaz de matar un
enjambre de abejas, oxidaba el hierro y el latón (provocando
un olor nauseabundo), y era capaz de provocar la rabia de
los perros, si llegaban a probar sangre menstrual. No es
nuevo como se ve, eso de echar las culpas y las causales de
las desgracias, la peste y otras catástrofes. La mujer
menstruando, se hizo acreedora también, de marchitar las
flores al tocarlas y que no hubiera cosechas si pasaba por
las trillas sembradas. La sangre, en esa época, se
encontraba asociada a la violencia, las lesiones al daño en
general y a la muerte. Aunque diluídas y atenuadas, estas
observaciones atravesaron los siglos. No puede asombrar
entonces, que las parejas se nieguen a tener relaciones
sexuales en los días de menstruación. |
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