Es una noche espléndida, cálida y sin luna, ideal para conseguir intimidad en algún lugar público, mi cuerpo se enciende al imaginar todas las cosas que podrÃamos hacer dentro de las instalaciones del hotel.
Por suerte la mayorÃa de los turistas ya se han ido, el próximo contingente se espera recién dentro de dos dÃas, no puedo perder esta oportunidad, desde que llegamos no hemos tenido casi momentos de soledad, siempre habÃa gente pululando por todos lados, ni siquiera se podÃa disfrutar de la piscina porque no cabÃa un alfiler.
Mi novio está recostado, yo miro por la ventana de la habitación y mis ojos se fijan en la piscina, está desierta y oscura, no se permite ingresar por la noche pero poco me importa, doy un brinco y me acerco sigilosa hasta la cama, ¿Cariño quieres que salgamos a caminar un poco y dar una vuelta?, se me ocurrió una idea genial que me gustarÃa enseñarte…
Lo tomo de la mano y nos dirigimos al jardÃn del hotel, ¿A dónde vamos? me pregunta, espera ya verás… nos sentamos en uno de los sillones cercanos a la pileta y empezamos a besarnos y toquetearnos un poco, la cosa se va poniendo cada vez más caliente.
Cómo te gusta encenderme en lugares públicos me dice agitado, sà sabes que me pone muy cachonda hacerlo sabiendo que corremos el riesgo de ser sorprendidos, me excita tanto el peligro, soy una adicta a la adrenalina y al sexo.
Me agacho y desabrocho con los dientes la bragueta de su pantalón y con las manos busco su verga cada vez más dura para hacerla desaparecer dentro de mi boca, tengo una lengua muy ágil capaz de recorrer cada rincón de piel haciéndolo retorcer de placer. Mi vagina se humedece al escuchar sus gemidos, adoro verlo disfrutar mientras beso toda su hombrÃa. AsÃ, sigue asÃ, me encanta… dice mientras se retuerce sobre el sillón.
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