El sabor de lo prohibido es el condimento que le da sazón a nuestra relación y por ello cada encuentro es tan picante. No consigo resistirme a sus besos, sus caricias ni al olor de su piel, en cuanto lo tengo frente a mi caigo rendida en sus brazos dispuesta a que susmanosme den forma.

Las horas durante las que debemos pretender no conocernos más que “de vista” se hacen interminables por ello con frecuencia saciamos nuestras ganas escabulléndonos a escondidas en el toilette  más lejano de la oficina, cerramos la puerta con seguro y fornicamos como animales en celo sobre el retrete o el lavabo.

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