En la cuidad reina el silencio, ya es de madrugada y sigo sin poder dormir, estoy recostada sobre la cama con tan solo mis bragas puestas porque la noche está muy calurosa y ni siquiera el aire del ventilador refresca mi cuerpo.
Para colmo de males en la televisión no hay programa que valga la pena mirar, hace horas que hago zappping entre un canal y otro para poder distraerme y pasar el rato hasta que me entre algo de sueño.
Debo resignarme, pero es en estos momentos en los que más noto tu ausencia, me gustaría tanto tenerte aquí conmigo, sentir el calor de tu piel y el perfume de tus labios. Hace demasiado tiempo que no nos vemos a causa del maldito trabajo que hace que te ausentes de casa por largas semanas.
Cierro los ojos y tu imagen invade mi mente, veo con claridad tus mirada clara, la dulzura de tu sonrisa y tu cuerpo tan seductor que sabe hacerme entrar en calor y gozar como nungún otro lo ha conseguido en mi vida. Te deseo, deseo tu carne y tu alma, sin ti no puedo estar, no soporto más tu ausencia.
Intento pensar en otra cosa para no entrar en la melancolía y sigo cambiando de canales, tengo que encontrar algo que me distraiga hasta que de repente… ¿He que es eso? Mi mirada se clava en la imagen que me devuelve la televisión, un película porno acaba de comenzar.
Al instante una sonrisa pícara se dibuja en mi rostro, siempre me ha gustado disfrutarlas sola o acompañada, me excita mucho el ver a la gente tenido sexo.
Mmmmm interesante… coloco un almohadón detrás de mi espalda y me acomodo para tener una mejor perspectiva del panorama; las escenas calientes no tardan en aparecer, mi vagina se humedece al ver esas pollas grandes y duras, todo eso me da tantas ganas de follar….
Publicado por afrodita en Relatos Eróticos el 13 Junio, 2008
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