jun
19
2009
La humedad y el calor eran insoportables. El arcaico ventilador de techo sólo conseguía remover el denso tufo conglomerado en la pequeña habitación. Helena habría querido cambiar de cuarto, pero todos los de la vieja pensión estaba ya ocupados. Sólo dos días, sólo dos días… se repetía a sí misma para tratar de aguantar y no desesperarse.
Quería conciliar el sueño, estaba terriblemente cansada, pero el vaho reinante y su piel empapada en sudor no la dejaban. Ya se había duchado tres veces y no sentía ganas de tomar nuevamente todos los cachivaches y dirigirse una vez más al aseo que quedaba al final del largo pasillo. Esa sola idea la ofuscaba, ya que un efímero baño sólo le otorgaría un instante de frescura para luego ceder ante las agobiantes temperaturas de la cuidad.
Mientras se arremolinaba sobre la cama la aparición de un golpeteo extraño captó su atención; con los ojos ceñidos y la oreja apuntando al techo agudizó el oído. No demoró mucho tiempo en descubrir la razón del alboroto… ese era el ruido de la pasión, delsexodesenfrenado sobre un viejo catre de hierro que se taconeaba contra el fino piso de madera.
Etiquetas copular, historias de sexo, masturbación, Pareja, relato erotico, sexo, Sexualidad, Tríos
Categoría Relatos Eróticos
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Publicado por
Afrodita