Desde que lo vi en clases esa tarde no pude sacarlo de mi mente. Cada momento lo pensaba y me calentaba imaginándolo desnudo frente a mí y yo mamándosela hasta extraer hasta la última gota de su semen.

Todas las noches me encerraba en el cuarto para masturbarme con su viva imagen en mi cabeza; ese hombre me tenía cada vez más loca, hambrienta por probar su carne y sentir su sexo. Durante semanas no hice más que mirarlo y fantasear calientes encuentros fortuitos en los pasillos de la universidad, hasta que las ganas fueron más fuertes y determinada salí a su acecho.

Comencé a provocarlo con prendas atrevidas, miradas pícaras, gestos sugestivos e insinuaciones pero ya impaciente y harta de esperar, no podía aguardar más tiempo y opté por encararlo de frente invitándolo a mi casa con la primer excusa estúpida que se me ocurrió, estudiar…

Leer noticia completa

Publicado por






Categorías