Ya son las tres de la madrugada, la fiesta es increíble pero no quisiera bailar con mis amigas durante el resto de la noche, mi cuerpo necesita un poco de acción… Me voy a dar una vuelta para ver si encuentro algo interesante por allí, les digo con una sonrisa cómplice.
La disco está repleta, su inauguración convocó a gente de todos lados, se hace difícil abrirse paso entre la multitud para llegar a la barra y pedir una copa pero al fin puedo calmar la sed con un delicioso martini; mientras me acomodo en un reducido espacio tomo un largo sorbo y al levantar la vista descubro sus negros ojos fijos en mí.
Es un ejemplar de hombre como los hay pocos, lo observo de arriba hacia abajo descubriendo cada parte de su cuerpo mientras me muerdo el labio inferior y sin perder el tiempo le sonrío complaciente para que se acerque a mí.
Me invita un trago y acepto gustosa, hablamos muy próximos porque el bullicio y la música estridente así lo obligan, pero no me disgusta, porque aprovecho la oportunidad para rozar con mis labios el lóbulo de su oreja.
Vayamos a un lugar más cómodo me susurra, accedo y nos dirigimos al sector vip de la disco que por suerte está casi vacío, nos sentamos en el lugar más sombrío del lugar sobre un amplio sillón de cuero negro y la situación sube de temperatura muy rápidamente.
Siento como sus manos recorren mis muslos a la vez que su lengua dibuja círculos sobre mi cuello, estoy excitada, tengo la vagina muy húmeda y mi respiración acelerada delata los deseos de mi carne.
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