
La fragilidad de su cuerpo no se asemejaba en nada a la voracidad de su carne. Alma era una mujer menuda, de etérea figura, parecÃa una frágil muñeca de porcelana que al menor tacto se parte en mil pedazos.
Pero en verdad su delicada y sumisa apariencia no era más que una suerte de careta que la camuflaba. En su interior el fuego ardÃa como una hoguera y la consumÃa cada instante.
Publicado por afrodita en Noticias, Relatos Eróticos el 12 Septiembre, 2008
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