Habían pasado más de 7 meses y la malaria desexoparecía no acabar nunca, estaba hastiada de tener que tocarme todas las noches imaginando que tenía una verga penetrándome.  El consolador gastado por el uso  ya no me atraía y los orgasmos que conseguía darme eran sólo una burda imitación del placer que necesitaba. Me encontraba al límite, mi mente se la pasaba ocupada con escenas cachondas la mayor parte del día y no lograba concentrarme en otra cosa.

Las ganas de follar me carcomían, andaba con elsexoconstantemente húmedo y dilatado a la espera de una polla que lo llene. La situación me superaba, no aguantaba la abstinencia y estaba decidida a ponerle fin sea como sea, pero el no tener una vida social activa me jugaba en contra.

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