[Relato erótico] El voyeur del viejo motel

En la penumbra de la habitación pueden apenas distinguirse los contornos de dos cuerpos desnudos, aferrados y sudorosos. Ellos se mueven fundidos en un rito erótico y carnal que los sume en el trance más profundo.

Los gemidos y alaridos encuentran eco en las paredes roídas del viejo motel, la cama ya abatida por las continuas sacudidas sexuales de las parejas que vienen a saciar sus instintos sobre ella, chilla como si fuera a partirse en dos. Ellos no se inmutan, siguen balanceándose y la golpean contra la pared que da a la habitación continua.

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[Relato erótico] El despertar de Minerva

Minerva era una joven de curvas prominentes y muslos carnosos, su cuerpo destilaba un aroma cálido y dulce y el color trigueño de su piel relucía bajo el sol convirtiéndola en una especie de ninfa morena, turbia y silenciosa.

A pesar de que su exuberante belleza siempre había actuado como una suerte de imán atrayendo a muchos hombres, Minerva nunca conoció el verdadero sabor del sexo, cuantiosos machos dejaron huellas en su cobriza piel pero ninguno de ellos fue capaz de lograr que en su vientre se encienda el placer.

Minerva vivía resignada creyendo que su cuerpo no era capaz de ofrecerle los deleites propios de la carne, para ella no existía miembro capaz de llenarla de gozo. Se había vuelto fría e impávida como el hielo… hasta que conoció a Pedro.

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[Relato erótico] El arte del sexo

Estamos solos en esta pequeña habitación húmeda y sombría, el observa mi cuerpo desnudo, blanco y frágil como la seda, pero parece no interesarse en mí como mujer, sólo plasma cada detalle de mis curvas en su lienzo. Para el soy un objeto de finos contornos y suaves colinas del cuál sólo desea conservar su imagen.

Cuánto quisiera que dibuje sobre mi piel trazos de deseo con su lengua ágil, húmeda y caliente, que me pinte tal cual cuadro y plasme dentro de mi ser oleadas llenas de éxtasis.

Me ruborizo, mi rostro se enrojece delatando las escenas calientes que se desarrollan en mi mente, no me importa, igual el parece no notarlo. Lo desnudo con la mirada, lo imagino viril y erecto zambulléndose por entero en el agua que emana de mis entrañas.

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[Relato erótico] Mientras espero por tu sexo

Estoy ansiosa, la hora pactada para el encuentro esta muy cerca, ya no sé que hacer para matar el tiempo y distraerme un poco, te deseo tanto que pareciera que mi cuerpo ya percibe la proximidad del tuyo a pesar de que aún no te haya visto.

Me arreglo una y otra vez tratando de estar lo más sexy posible, no quisiera que te lleves una mala impresión o que no te guste como me veo. Miro mi figura reflejada en el espejo, acaricio mis formas con las vivaces manos que fervorosas desean recorrer tu carne. Estoy muy excitada, ya ha pasado demasiado tiempo desde la última vez y las imágenes que guarda mi memoria me han acompañado desde entonces en mis noches de soledad.

No pasó un día en el que no te haya recordado, me masturbé mil veces imaginando que estabas así sobre mí, penetrándome con fuerza mientras agarrabas mis pechos turgentes y pulposos y con tu lengua húmeda recorrías mis labios sedientos de tu sexo. Mi vagina se moja con el sólo hecho de pensarte desnudo, viril y erecto. Mi cuerpo está encendido como una llama ardiente que sólo puede ser apagada con largas horas de placer.

Estoy recostada sobre mi cama y observo a las agujas de reloj caminar tan lentas, como si quisieran detener el tiempo y prolongar mi espera. No aguanto, el calor y las ganas me consumen, te necesito en este preciso momento montándome y agarrándome de las tetas como si fuera una yegua salvaje.

Me resulta imposible resistir al impulso de tocar mi vagina tan tierna y caliente. Lentamente abro las piernas y busco con mis dedos finos el centro del placer para acariciarlo y humedecerlo con mis fluidos. El deseo cada vez más se apodera de mi ser y me transforma en una fiera hambrienta que necesita devorar y ser devorada, me despojo de las pocas ropas que llevo puestas y con una de mis manos masajeo mis pezones erectos mientras mi lengua húmeda recorre las sendas de mis labios.

De repente me encuentro totalmente desnuda, con las piernas abiertas y la vagina dilatada y húmeda sobre la cama disfrutando de la íntima sensación del contacto con mis manos, imagino que son las tuyas, que ya has llegado para hacerme gozar como la última vez que nos vimos.

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[Relato erótico] Placer en el diván de mi analista

Debo encontrar el atuendo perfecto, algo muy sexy que destaque mis mejores curvas, hoy tengo la última sesión con mi psicólogo y quiero que sea inolvidable. Creo que llevaré la blusa blanca y la falda negra que con su tajo deja ver la piel cercana a mi entrepierna. Me miro al espejo y me encanta la imagen que me devuelve, eso es lo que precisamente quiero que él vea y que se vuelva loco de deseo por mi carne.

Se me está haciendo tarde, se acerca la hora y voy demasiado demorada, tomo el primer taxi que pasa y durante el trayecto imagino todo lo que le haría si lo tuviera tendido desnudo sobre mi cama, mi vulva se humedece y se me hace agua la boca con tan sólo pensar que tengo su verga muy dura dentro de mi vientre.

Estoy tan excitada, hasta el más leve movimiento del carro hace que cada centímetro de mi piel se erice haciéndome suspirar de deseo, son irresistibles las ganas de acariciar con mis delgados dedos los labios de mi vagina como hago cada vez que pienso en él; me cruzo de piernas para poder calmar aunque sea un instante las ganas de follar que me consumen.

Apresurada y con las mejillas ruborizadas por el calor le pago al taxista y salgo del coche casi corriendo, ya es la hora del momento más caliente de toda la semana. Desde que empecé terapia con él mis sueños se han poblado de las imágenes más cachondas y eróticas que alguna vez imaginé; le deseo con cada fibra de mi cuerpo, daría lo que fuera por tener sus huellas sobre mi blanca piel. En la sala de espera no hay nadie, debo ser la última paciente…

-Te estaba esperando, me dice y con un ademán me invita a pasar.

Me recuesto sobre el aterciopelado diván y coloco mis piernas de modo que la falda suba y deje al descubierto algo que no debería, por suerte mi plan ha dado efecto, además de ser analista el también es hombre y no puede resistir el deseo de fijar su vista sobre mis largas y bellas piernas. Lo veo ruborizarse e imagino que su hombría adquiere un poco más de firmeza…

El me habla pero no le escucho, durante toda la semana he esperado este momento, nunca había conocido hombre al que le deseara más en mi vida y debo aprovechar las circunstancias, es mi última sesión y quizás nunca más le vuelva a ver. Mi rostro se ilumina con la seductora sonrisa que dibujan mis labios.

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[Relato erótico] Follando con mi compañero de estudios

Faltan sólo tres días para el examen final y todavía no he terminado de repasar todos los temas, para colmo de males mi cuerpo no me ayuda, hace semanas que no tengo sexo y la carne me quema hasta el punto de consumir mis más oscuras fantasías.

Quisiera concentrarme pero cuando lo intento mi mente divaga dentro de todas las escenas calientes que recuerda, necesito tanto de una noche de lujuria y pasión… Casualmente esta tarde un compañero y “amigo con derecho a roce” viene a estudiar conmigo, espero no distraerme y prestar más atención a los libros que a su firme trasero y abultada virilidad.

Suena el timbre, él ha llegado… Presurosa corro a la puerta para no hacerlo esperar, abro y luego de recibirlo con una sonrisa pícara lo invito a pasar. ¡Es tan atractivo, cómo me gustaría tenerlo ahora mismo tendido desnudo sobre mi cama! , pienso en silencio pero los ojos delatan mis intenciones.

¿Cómo vas con tus estudios? me pregunta, más mal que bien le contesto resignada, no consigo concentrarme, estoy muy distraída pero bueno no tiene importancia, ¿quieres tomar algo antes de comenzar?, como sabes hago un café exquisito.

Voy a la cocina con la intención de preparar el dichoso café pero en cuanto me doy la vuelta siento que mi amigo se me acerca por detrás y me toma por la cintura, aproxima su boca a mi cuello y me humedece la oreja con su aliento mientras me dice que está muy caliente y tiene ganas de follar conmigo durante horas.

No lo voy a negar, estoy tan sensible que hasta el mínimo roce de piel hace respingar mis pezones y lubricar mi vagina. Lo deseo, necesito sentir su pene duro dentro de mí entrando y saliendo, cálido y muy mojado.

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[Relato erótico] Una fiesta caliente

Ya son las tres de la madrugada, la fiesta es increíble pero no quisiera bailar con mis amigas durante el resto de la noche, mi cuerpo necesita un poco de acción… Me voy a dar una vuelta para ver si encuentro algo interesante por allí, les digo con una sonrisa cómplice.

La disco está repleta, su inauguración convocó a gente de todos lados, se hace difícil abrirse paso entre la multitud para llegar a la barra y pedir una copa pero al fin puedo calmar la sed con un delicioso martini; mientras me acomodo en un reducido espacio tomo un largo sorbo y al levantar la vista descubro sus negros ojos fijos en mí.

Es un ejemplar de hombre como los hay pocos, lo observo de arriba hacia abajo descubriendo cada parte de su cuerpo mientras me muerdo el labio inferior y sin perder el tiempo le sonrío complaciente para que se acerque a mí.

Me invita un trago y acepto gustosa, hablamos muy próximos porque el bullicio y la música estridente así lo obligan, pero no me disgusta, porque aprovecho la oportunidad para rozar con mis labios el lóbulo de su oreja.

Vayamos a un lugar más cómodo me susurra, accedo y nos dirigimos al sector vip de la disco que por suerte está casi vacío, nos sentamos en el lugar más sombrío del lugar sobre un amplio sillón de cuero negro y la situación sube de temperatura muy rápidamente.

Siento como sus manos recorren mis muslos a la vez que su lengua dibuja círculos sobre mi cuello, estoy excitada, tengo la vagina muy húmeda y mi respiración acelerada delata los deseos de mi carne.

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[Relato erótico] Placer sobre ruedas

Fue una noche fantástica, la fiesta estuvo fabulosa y me divertí muchísimo, gracias por ofrecerte a alcanzarme hasta mi casa….

No puedo creer que semejante hombre esté a mi lado, lo miro por el rabo del ojo mientras desnudo mentalmente cada parte de su cuerpo. Estoy tan caliente, tengo ganas de saltarle encima y apagar el fuego que me consume con su sexo.

Es ahora o nunca porque de seguro no se me presentará una oportunidad semejante. Deslizo tímidamente mi mano hacia sus muslos lo que desata una sonrisa cómplice en su rostro, bajo el cierre y tomo toda su gran hombría con mis dedos.

De repente cambiamos el rumbo y nos dirigimos a un lugar falto de luz y con un poco de privacidad, me acerco hasta su pecho y con la boca desprendo los botones de su camisa, bajo lamiendo suavemente cada centímetro de piel y una vez allí su verga dura desaparece dentro de mi boca.

Me excita tanto ver lo que soy capaz de hacerle sentir, le gusta, se retuerce y me pide más y más… Sus manos ágiles recorren mis piernas y suben el vestido para poder bajar a la vez mis bragas húmedas, siento cómo sus gruesos dedos penetran en mi vulva y me masturban como nunca.

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