Con María estábamos siempre juntas, en el colegio y fuera de él, a todos lados íbamos las dos… Lo compartíamos todo, también a los hombres…

Esa noche yo me sentía particularmente excitada y enloquecía por sobremanera mirarlos follar como animales. Disfrutaba viendo a María succionar esesexoduro mientras me tocaba el clítoris hasta conseguir los mejores orgasmos; casi siempre dejaba que ella comience la acción para deleitarme observando por largo rato, pero aquélla vez no pude contenerme mucho tiempo y enseguida formé parte de la fiesta.

Ambas estábamos bastante ebrias, por lo que nos soltamos como nunca antes haciendo transpirar a José, el hombre de turno, del que se notaba que no podía creer el que semejantes hembras en celo pudiesen existir.

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