Por asuntos de negocios tengo que parar en la cuidad y aprovecho para saludar a un viejo amigo que hace años no veo, ya en su puerta toco el timbre y mi corazón da un brinco junto con el chirrido de la campanilla.
La emoción por verle es muy intensa, siempre hemos sido tan unidos que muchas veces dudé acerca de la verdadera naturaleza de mis sentimientos.
Abre la puerta y con una enorme sonrisa me abraza diciéndome lo alegre que le ha puesto mi visita, me invita a pasar y nos sentamos en el recibidor, charlamos durante horas hasta que un trueno ensordecedor nos sobresalta. Se ha desatado una tempestad, el viento ruge azotando los árboles con furia y la lluvia parece inagotable. Es ineludible, en estas condiciones no puedo continuar mi viaje bajo ninguna circunstancia.
Publicado por afrodita en Relatos Eróticos el 11 Julio, 2008
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