Cuando se trae un hijo al mundo los felices padres hacen planes e imaginan cómo será la vida de ese pequeño ser en el cual ambos se han hecho carne; procuran darle todo lo que esté a su alcance para que nada le falte y se sienta rodeado de amor.

Pero a veces la vida impone pruebas que no todos están capacitados para sobrellevar. En ciertas ocasiones la felicidad y plenitud de ese niño depende de un cambio radical en su ser. Necesitan liberarse de un cuerpo que les es ajeno, que no corresponde a sus sentimientos.

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