
Minerva era una joven de curvas prominentes y muslos carnosos, su cuerpo destilaba un aroma cálido y dulce y el color trigueño de su piel relucía bajo el sol convirtiéndola en una especie de ninfa morena, turbia y silenciosa.
A pesar de que su exuberante belleza siempre había actuado como una suerte de imán atrayendo a muchos hombres, Minerva nunca conoció el verdadero sabor del sexo, cuantiosos machos dejaron huellas en su cobriza piel pero ninguno de ellos fue capaz de lograr que en su vientre se encienda el placer.
Minerva vivía resignada creyendo que su cuerpo no era capaz de ofrecerle los deleites propios de la carne, para ella no existía miembro capaz de llenarla de gozo. Se había vuelto fría e impávida como el hielo… hasta que conoció a Pedro.
Publicado por afrodita en Noticias, Relatos Eróticos el 18 Julio, 2008
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