Cuando despert茅 de lo primero que me di cuenta fue que me encontraba en una habitaci贸n desconocida, con las manos atadas y una mordaza en la boca que me dificultaba respirar.聽 Luego descubr铆 que estaba totalmente desnuda, me hab铆an quitado la ropa y mi cuerpo exuberante reluc铆a sin tapujos.
Tumbada de bruces sobre la cama intent茅 incorporarme para buscar la manera de salir de ese encierro, asustada recorr铆 cada rinc贸n del cuarto pero al estar en penumbras no pod铆a distinguir con claridad lo que hab铆a all铆 dentro.
Sonia aparentaba ser una mujer normal. Como muchas f茅minas era independiente, desde joven trabajaba y viv铆a sola en un piso c茅ntrico, era callada, reservada y no hac铆a amistades con la gente.
Su cerrada personalidad lograba que los vecinos la tildaran de extra帽a, amargada y antip谩tica; contadas veces alguno hab铆a recibido un esquivo saludo de su parte, pero en general la mayor铆a no conoc铆a ni el timbre de su voz.
En verdad nadie sab铆a de la aut茅ntica Sonia, puertas adentro, en la intimidad de su hogar ella se despojaba de toda mascara y su verdadero yo sal铆a a la luz. La mujer que habitaba en sus entra帽as era la ant铆teisis de la que se dejaba ver, una dama s谩dica, mordaz y feroz se apoderaba de su cuerpo noche tras noche.
Por asuntos de negocios tengo que parar en la cuidad y aprovecho para saludar a un viejo amigo que hace a帽os no veo, ya en su puerta toco el timbre y mi coraz贸n da un brinco junto con el chirrido de la campanilla.
La emoci贸n por verle es muy intensa, siempre hemos sido tan unidos que muchas veces dud茅 acerca de la verdadera naturaleza de mis sentimientos.
Abre la puerta y con una enorme sonrisa me abraza dici茅ndome lo alegre que le ha puesto mi visita, me invita a pasar y nos sentamos en el recibidor, charlamos durante horas hasta que un trueno ensordecedor nos sobresalta. Se ha desatado una tempestad, el viento ruge azotando los 谩rboles con furia y la lluvia parece inagotable. Es ineludible, en estas condiciones no puedo continuar mi viaje bajo ninguna circunstancia.