[Relato erótico] La noche de bodas

María era una hermosa mujer muy adelantada para su época a pesar de las habladurías, ella no ocultaba su constante apetito sexual. Desde que había entrado en la pubertad se encontraba excitada casi todo el tiempo y cuando no conseguía revolcarse con alguno de los sirvientes de la casa solía pasar largas horas masturbándose.

La joven amaba y necesitaba el sexo tanto como el aire para vivir, su vagina siempre dispuesta a ser penetrada la convertía en una especia de fiera devoradora de hombres.

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[Relato erótico] Gemelas, sexo y placer

Julieta y Camila eran inseparables, más que hermanas gemelas ellas se completaban dando origen a un nuevo ser.  Siempre compartieron todo, una no concebía su existencia si no era mediante la presencia de la otra.

Su unión simbiótica las acompañó en la vida adulta, acrecentando por dos los deseos naturales del cuerpo cuando sus sexos florecieron. Ya mujeres y deseosas de explorar los placeres carnales comenzaron a sumergirse en la tibieza de sus vientres explorando y satisfaciéndose al unísono.

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[Relato erótico] El voyeur del viejo motel

En la penumbra de la habitación pueden apenas distinguirse los contornos de dos cuerpos desnudos, aferrados y sudorosos. Ellos se mueven fundidos en un rito erótico y carnal que los sume en el trance más profundo.

Los gemidos y alaridos encuentran eco en las paredes roídas del viejo motel, la cama ya abatida por las continuas sacudidas sexuales de las parejas que vienen a saciar sus instintos sobre ella, chilla como si fuera a partirse en dos. Ellos no se inmutan, siguen balanceándose y la golpean contra la pared que da a la habitación continua.

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[Relato erótico] El sueño de Irma

Sudada trataba de escapar de las manos gruesas y fuertes que la sujetaban con furia. Sus piernas ágiles se trenzaban en una lucha encarnizada con esa pelvis impetuosa que pretendía aproximarse hacia su sexo.

Tendida sobre la hierba y amarrada entre unos varoniles brazos Irma permanecía inmovilizada, incapaz de defenderse. Ese extraño le tapaba la boca para que no gritase en y su lengua se empapaba con el sudor salado que éstas emanaban, progresivamente y presa del cansancio sus muslos cedían ante la fuerza de ese macho en celo y dejaban al descubierto su flor.

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[Relato erótico] Desnuda frente al espejo

Vanesa comenzaba a inquietarse, hacía más de 20 minutos que lo esperaba en la habitación de aquél motel,  a pesar de saber muy bien que no era puntual y nunca llegaba a la hora que convenían, no conseguía guardar la calma.

Pero nada podía hacer, al relacionarse con ese hombre en cierta forma había aceptado las vicisitudes que tienen que tolerar las mujeres que salen con casados y ya era tarde para dar marcha atrás.

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[Relato erótico] El doctor sexo

Miro el reloj a cada rato, las agujas parecen haberse detenido, el tiempo permanece estático cuando tengo que esperar. Hace más de 40 minutos que estoy en la sala de espera aguardando a ser llamada.

Si no fuera porque realmente disfruto que él me revise, no vendría al médico por nada del mundo. Es un hombre tan sensual, tiene esa mirada azul profunda que te penetra hasta el alma, lleva siempre al cabello alborotado como si nunca se peinara y casi todas sus camisas están arrugadas, pero a mí me gusta ese aspecto rebelde y desaliñado. Es mucho mayor que yo, supongo que me lleva más de 15 años, pero me excita de tal manera…

Hace años que le deseo, cada vez que me toca se me eriza la piel y un escalofrío recorre las fibras de mi cuerpo. Sé que él lo sabe y lo disfruta, puedo verlo en sus ojos cuando se me acerca, también sé que me desea, le gusta acariciar mi piel caliente pero hasta ahora no ha tenido las agallas suficientes para cruzar la barrera que nos separa.

Mis fantasías con él en su consultorio no conocen límites, me he masturbado miles de veces imaginando que estoy tendida sobre la camilla con las piernas abiertas de par en par mientras él me penetra una y otra vez. Mi vagina se humedece de sólo recordarlo. Cómo quisiera revolcarme desnuda sobre su escritorio y guardar dentro de mi boca toda su dura hombría.

La puerta del consultorio se abre y el se asoma para hacerme pasar, me incorporo de un salto, apresurada y ruborizada con una sonrisa que en cierta forma delata los pícaros pensamientos que divagaban por mi mente. Con un ademán seco y hostil como es su costumbre me indica que me desvista y acomode en la camilla para poder examinarme.

Estoy muy mojada y dilatada, cuando me revise lo va a notar, además mis pezones están tan erectos que es imposible disimular las ganas de follar que tengo. Ya no hay vuelta atrás, es ahora o nunca, lo miro fijo a los ojos y decido dejar caer mi ropa ahí mismo, de a poco, como si de un streep tease se tratara sólo que de una manera un tanto más sutil.

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[Relato erótico] Mientras te veo dormir

Un fuerte trueno me ha despertado y no consigo volver a conciliar el sueño, afuera llueve torrencialmente, por la ventana puedo ver cómo las copas de los árboles se mecen bruscamente por el furioso viento que las azota sin cesar. De repente un estremecimiento electriza cada fibra de mi cuerpo.

Parada junto a la ventana te observo dormir tan plácido y tranquilo. Me recuesto a tu lado, necesito percibir tu calor y deseo sentirte cerca. Te acaricio suavemente, eres tan bello, tan seductor, tan atractivo.

Recuerdo cómo hace unos años atrás me despertabas en medio de la noche porque habías tenido un sueño erótico y deseabas hacerlo realidad, solías apoyarte en mí presionando tu hombría dura sobre mis nalgas, yo te respondía al instante.
Follábamos hasta el amanecer, sin parar ni un segundo y no nos importaba pasar todo el día adormilados porque en verdad valían la pena esas noches en vela en las que nos destrozábamos de placer.

Mi vagina se humedece, me excito al recordar esos momentos tan calientes. Gozaba tanto cuando me sentaba arriba tuyo y te montaba como un animal furioso. Mis tetas acompañaban todos los movimientos, tú las agarrabas fuerte y lamías los pezones dejándolos empapados de saliva.

Mi cuerpo se está encendiendo, percibo cómo la pelvis comienza a entrar en calor y me pide que la satisfaga, el deseo se ha hecho carne en mí, quiero follar toda la noche, tal cual lo hacíamos en los viejos tiempos.

Sigilosa voy hasta el armario y saco el conjunto de lencería que tanto te gusta, hace tiempo que no lo uso pero todavía mi silueta sabe cómo lucirlo. Observo la imagen que me devuelve el espejo y con las manos húmedas recorro las curvas de mi cuerpo. Mi piel se eriza, mi vulva se moja y mi respiración se acelera.

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[Relato erótico] Cumpliendo horas extras en la oficina del jefe

El despertador se activó y su estridente chillido me arrancó de los brazos de Morfeo, me niego a despertar, estaba sumida en un sueño muy excitante al que mi cuerpo respondía de la mejor de las maneras. Mi vagina está tan húmeda, siento cómo el calor de la pelvis invade todo mi cuerpo; si la maldita campanilla no hubiera sonado habría disfrutado del mejor sexo onírico de mi vida, pero ahora estoy despierta y mi carne está hambrienta de placer porque no encuentra sosiego entre las sábanas.

Me doy una ducha fría pero las ganas de follar no se disipan, hace tiempo que no tengo contacto con un hombre y lo que más deseo en este momento es sentir el calor del cuerpo masculino sobre el mío.

Debo ir a trabajar pero no se cómo conseguiré concentrarme en todos los archivos pendientes que me quedan por revisar si mi mente divaga entre las escenas más calientes que recuerda y para colmo de males la oficina es un mar de testosterona, la mayoría de mis compañeros son todos hombres.

Quisiera poder acariciarme un poco antes de salir pero el tiempo apremia, mis manos desean bajar hasta la vagina pero no puedo darme el lujo de llegar tarde al trabajo, mi jefe me mataría si se entera que voy demorada.

Tomo coraje y cojo el primer taxi que pasa, por suerte no tuve que esperar mucho tiempo, trato de calmarme pero durante el camino me sorprendo a mi misma fantaseando con el conductor del coche, con esas manos gruesas y esos ojos profundos que se dejan ver por el retrovisor y me doy cuenta de la falta que me hace disfrutar de un buen sexo esta mañana.

Faltan unos metros para llegar a la oficina y mientras más me aproximo el perfume penetrante y masculino de mis compañeros se cuela por mis fosas nasales haciéndome inspirar profundamente lo que revive el deseo de mi carne caliente.

Paso el día entero sumida entre papeles y archivos tratando de controlarme y no desviar los ojos hacia los turgentes traseros o abultadas hombrías de los varones que me rodean, pero aún así me cuesta concentrarme y me demoro con el trabajo, por lo visto tendré que hacer horas extras.

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[Relato erótico] Ejercitando en el carro de mi profesor de aeróbicos

Al fin ha llegado la noche que tanto esperé durante toda la semana, voy en camino a la inauguración de una nueva disco que parece ser prometedora, quizás allí encuentre alguna compañía masculina que tanta falta me hace.

El lugar está repleto, pero logro hacerme paso hacia la barra y pido mi trago favorito, estoy tan sedienta y acalorada. Mientras bebo tranquila me dedico a observar el entorno, mucha gente, bellos hombres, buena música… pero de repente mis ojos se clavan en la figura más impresionante que nunca pensé encontrar.

Allí estaba él, mi instructor de aeróbicos hace años que le deseo con cada fibra de mi cuerpo, es tan masculino, seductor y atractivo, un ejemplar de hombre como pocos. Lo observo de arriba hacia abajo tratando de no perderme detalle alguno de su persona mientras humedezco mis labios con la lengua… no puedo negarlo se me hace agua la boca y mi vagina se moja cada vez que lo imagino desnudo.

El percibe mi presencia y se acerca lentamente, me saluda dándome un beso con sus labios carnosos sobre la mejilla y todos los vellos de mi piel se erizan al instante, ¿Cómo estas? Que sorpresa encontrarte aquí le digo con un dejo de nerviosismo en mi voz; si verdad, no soy de salir mucho pero hoy necesitaba despejarme un poco contesta con una pícara sonrisa.

¿Me acompañas con una copa? Me pregunta a la vez que le pide al barman un buena champaña, hablamos largo rato y el alcohol hace lo suyo liberándome de todas las inhibiciones, no resisto más y me acerco suavemente hasta rozar su oreja con mis labios para invitarlo a un lugar más privado, él sonríe y me toma de la mano, ven conozco el sitio perfecto…. salimos de la disco y nos internamos en el estacionamiento.

Por suerte el carro es espacioso, es lo primero que pienso al entrar y luego me imagino las mil y una formas de follar dentro de un auto , nos acomodamos en el asiento de atrás y la situación no tarda en elevar su temperatura, literalmente nos comemos con los labios, sus manos desenfrenadas desnudan mi cuerpo y recorren mi piel caliente.

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[Relato erótico] Sexo en el elevador

Son las tres de la madrugada y no puedo conciliar el sueño, mi mente divaga recordando cada detalle de la última vez que tuve sexo, estoy excitada y no puedo pensar en otra cosa, quisiera dormir pero la sed de mi carne me lo impide haciéndome estremecer cada segundo.

Para colmo de males noche tras noche oigo como mi vecino folla con una de sus tantas mujeres, ese ejemplar de hombre, tan macho y bello…cómo lo deseo, confieso que me divierto tocándome e imaginando que él me lo está haciendo y yo visto la piel de la fulana de turno.

Me cansé, saldré a comprar cigarros para ver si el paseo y el frío nocturno apagan un poco el fuego… ¿Porqué el elevador demora tanto? Me pregunto qué otra alma solitaria lo estará utilizando a estas horas…

Mi expresión de asombro me delata cuando el metálico aparato abre sus puertas y lo veo, allí estaba él, apoyado seductoramente contra el espejo sonriéndome de manera pícara y sensual ¿Bajas? Me pregunta… si, voy a comprar cigarros, me quedé sin y pues verás, así es el vicio… si lo sabré yo me responde, voy a hacer la misma diligencia que tu.

Caminamos juntos hasta la única tienda abierta a esas horas y conseguimos lo que tanto necesitábamos; durante el camino de regreso, entre bocanadas de humo, platicamos como nunca lo habíamos hecho y puede averiguar ciertas cosas de su vida que ignoraba por completo.

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[Relato erótico] Una fiesta caliente

Ya son las tres de la madrugada, la fiesta es increíble pero no quisiera bailar con mis amigas durante el resto de la noche, mi cuerpo necesita un poco de acción… Me voy a dar una vuelta para ver si encuentro algo interesante por allí, les digo con una sonrisa cómplice.

La disco está repleta, su inauguración convocó a gente de todos lados, se hace difícil abrirse paso entre la multitud para llegar a la barra y pedir una copa pero al fin puedo calmar la sed con un delicioso martini; mientras me acomodo en un reducido espacio tomo un largo sorbo y al levantar la vista descubro sus negros ojos fijos en mí.

Es un ejemplar de hombre como los hay pocos, lo observo de arriba hacia abajo descubriendo cada parte de su cuerpo mientras me muerdo el labio inferior y sin perder el tiempo le sonrío complaciente para que se acerque a mí.

Me invita un trago y acepto gustosa, hablamos muy próximos porque el bullicio y la música estridente así lo obligan, pero no me disgusta, porque aprovecho la oportunidad para rozar con mis labios el lóbulo de su oreja.

Vayamos a un lugar más cómodo me susurra, accedo y nos dirigimos al sector vip de la disco que por suerte está casi vacío, nos sentamos en el lugar más sombrío del lugar sobre un amplio sillón de cuero negro y la situación sube de temperatura muy rápidamente.

Siento como sus manos recorren mis muslos a la vez que su lengua dibuja círculos sobre mi cuello, estoy excitada, tengo la vagina muy húmeda y mi respiración acelerada delata los deseos de mi carne.

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