[Relato erótico] Mientras espero por tu sexo

Estoy ansiosa, la hora pactada para el encuentro esta muy cerca, ya no sé que hacer para matar el tiempo y distraerme un poco, te deseo tanto que pareciera que mi cuerpo ya percibe la proximidad del tuyo a pesar de que aún no te haya visto.

Me arreglo una y otra vez tratando de estar lo más sexy posible, no quisiera que te lleves una mala impresión o que no te guste como me veo. Miro mi figura reflejada en el espejo, acaricio mis formas con las vivaces manos que fervorosas desean recorrer tu carne. Estoy muy excitada, ya ha pasado demasiado tiempo desde la última vez y las imágenes que guarda mi memoria me han acompañado desde entonces en mis noches de soledad.

No pasó un día en el que no te haya recordado, me masturbé mil veces imaginando que estabas así sobre mí, penetrándome con fuerza mientras agarrabas mis pechos turgentes y pulposos y con tu lengua húmeda recorrías mis labios sedientos de tu sexo. Mi vagina se moja con el sólo hecho de pensarte desnudo, viril y erecto. Mi cuerpo está encendido como una llama ardiente que sólo puede ser apagada con largas horas de placer.

Estoy recostada sobre mi cama y observo a las agujas de reloj caminar tan lentas, como si quisieran detener el tiempo y prolongar mi espera. No aguanto, el calor y las ganas me consumen, te necesito en este preciso momento montándome y agarrándome de las tetas como si fuera una yegua salvaje.

Me resulta imposible resistir al impulso de tocar mi vagina tan tierna y caliente. Lentamente abro las piernas y busco con mis dedos finos el centro del placer para acariciarlo y humedecerlo con mis fluidos. El deseo cada vez más se apodera de mi ser y me transforma en una fiera hambrienta que necesita devorar y ser devorada, me despojo de las pocas ropas que llevo puestas y con una de mis manos masajeo mis pezones erectos mientras mi lengua húmeda recorre las sendas de mis labios.

De repente me encuentro totalmente desnuda, con las piernas abiertas y la vagina dilatada y húmeda sobre la cama disfrutando de la íntima sensación del contacto con mis manos, imagino que son las tuyas, que ya has llegado para hacerme gozar como la última vez que nos vimos.

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[Relato erótico] Placer en el diván de mi analista

Debo encontrar el atuendo perfecto, algo muy sexy que destaque mis mejores curvas, hoy tengo la última sesión con mi psicólogo y quiero que sea inolvidable. Creo que llevaré la blusa blanca y la falda negra que con su tajo deja ver la piel cercana a mi entrepierna. Me miro al espejo y me encanta la imagen que me devuelve, eso es lo que precisamente quiero que él vea y que se vuelva loco de deseo por mi carne.

Se me está haciendo tarde, se acerca la hora y voy demasiado demorada, tomo el primer taxi que pasa y durante el trayecto imagino todo lo que le haría si lo tuviera tendido desnudo sobre mi cama, mi vulva se humedece y se me hace agua la boca con tan sólo pensar que tengo su verga muy dura dentro de mi vientre.

Estoy tan excitada, hasta el más leve movimiento del carro hace que cada centímetro de mi piel se erice haciéndome suspirar de deseo, son irresistibles las ganas de acariciar con mis delgados dedos los labios de mi vagina como hago cada vez que pienso en él; me cruzo de piernas para poder calmar aunque sea un instante las ganas de follar que me consumen.

Apresurada y con las mejillas ruborizadas por el calor le pago al taxista y salgo del coche casi corriendo, ya es la hora del momento más caliente de toda la semana. Desde que empecé terapia con él mis sueños se han poblado de las imágenes más cachondas y eróticas que alguna vez imaginé; le deseo con cada fibra de mi cuerpo, daría lo que fuera por tener sus huellas sobre mi blanca piel. En la sala de espera no hay nadie, debo ser la última paciente…

-Te estaba esperando, me dice y con un ademán me invita a pasar.

Me recuesto sobre el aterciopelado diván y coloco mis piernas de modo que la falda suba y deje al descubierto algo que no debería, por suerte mi plan ha dado efecto, además de ser analista el también es hombre y no puede resistir el deseo de fijar su vista sobre mis largas y bellas piernas. Lo veo ruborizarse e imagino que su hombría adquiere un poco más de firmeza…

El me habla pero no le escucho, durante toda la semana he esperado este momento, nunca había conocido hombre al que le deseara más en mi vida y debo aprovechar las circunstancias, es mi última sesión y quizás nunca más le vuelva a ver. Mi rostro se ilumina con la seductora sonrisa que dibujan mis labios.

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