Hacía años que no nos veíamos  y esa noche por un capricho retorcido del destino nos volvimos a encontrar. Yo no quería verlo, durante largo tiempo había procurado evitar este encuentro, porque sabía que si lo volvía a tener enfrente, el calor que llevaba dormido en mi interior despertaría con furia y seria imparable.

Pero mis intentos fueron inútiles. Ya estaba allí frente a mí sonriéndome con esa boca que tantas veces me había besado hasta alcanzar el clímax. Cómo olvidar susmanosrecorriendo mi piel, su lengua enredándose con la mía y susexopenetrando mi vulva mojada por su saliva… Al instante todas esas vivencias se me vinieron a la mente, el corazón comenzó palpitar como una turba de galopes y noté como el ávido flujo se colaba entre mis diminutas bragas.

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